Mis libros, 2014

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Después de dos semanas de total depresión debido a que estaba enferma, ahora estoy muy feliz de escribir esto porque tengo mis libritos a lado *los acaricia con mucha ternura* y creo que es una excelente compañía si se sienten solos. Ahora que se termina el año es inevitable pensar con melancolía en todo lo que uno hizo durante los 365 días que dura; yo nunca he sido de las que cree en esa frase de “año nuevo, vida nueva”, no, no mamen, tu vida puede cambiar en un octubre o en un julio, no exactamente el 1ro de enero (a menos que tengan mucha suerte).

Hace dos años hice algo similar (sólo que con una malísima redacción), si quieren compararlo o reírse de mí pueden verlo aquí; como les dije, tenía ganas de hacer de nuevo un especial de los libros que leí este año, sepa el Dios en el que ustedes crean por qué no lo hice en 2013, tal vez por falta de ganas, pero el chiste es que aquí estoy, escribiendo en un atardecer.

Por desgracia, no pude leer tanto como yo hubiera querido o de perdida, tanto como hubiese leído en otros años debido a una sola y muy exhausta razón: estudio, y como en todas las carreras universitarias: leo mucho. Claro está que eso no me molesta en lo absoluto, pues como sabrán amo mi licenciatura y eso hace que automáticamente ame lo que me dejan leer; sin embargo eso me ha privado de leer muchos libros. Lo importante es que sí leí y por eso es que hago esta entrada.

La dinámica es sencilla (como hace dos años): relataré el cómo ese libro llegó a mis manos y cuál fue el sabor de boca que me dejó. Tengo la buena suerte de que la mayoría de libros que termino, por lo general me gustan, aunque hay unas excepciones horrorosas que no se salvan. Los mencionaré de menor a mayor según me hayan “conquistado”, espero que si llegaron hasta aquí, se animen a terminar. Empecemos:

“Eleanor & Park”
Rainbow Rowell



Durante la semana de la FIL (Feria Internacional del Libro en GDL), una de las maestras del Dpto. de Geografía organizó un coloquio al cual me interesó mucho asistir, así que un jueves después de mi clase de alemán me dirigí a las estancias de la Expo Guadalajara para entrar a dicho evento, con lo que (no sé por qué) no contaba, era con que llegaría muy temprano (qué raro en ti, Daniela), así que como buena chica impuntual me dirigí a los estantes llenos de libros para ver qué me agradaba. De pronto, esa pasta color… color… bueno esa pasta, llamó mucho mi atención, tomé el libro, le di la vuelta y en la contra portada se encontraba un avance que para no sorpresa de muchos, me gustó. No tardé en comprarlo y en llevarlo conmigo hasta mi acogedora habitación.

¿Cuál fue mi impresión?

Comencé a leerlo a principios del año cuando aún estaba de vacaciones, es una lectura ligera y muy agradable porque no está adaptado en la época actual, te hace meterte en la historia e incluso SUFRIR lo que los protagonistas, en general me gustó aunque no se quedó como uno de mis libros favoritos.

Lo que no me gustó fue que meses después TODO EL MUNDO QUERÍA LEERLO. ERA BEST SELLER *corre en círculos*; no tengo nada contra ello, qué bueno que se hizo tan famoso, pero me consterna tanta popularidad por el hecho de que siempre hay alguien que cree que sabe más que tú de la historia.

-Dani, tú también fuiste puberta.
-Sí, y por eso mismo lo digo, somos insoportables.

Incluso hace unos días por navidad, vi que a muchos le regalaron el libro y quería llorar, pero la vida sigue, amigos, y fue un libro que para bien o para mal, llegó a mis manos y me gustó.

“1984”
George Orwell



El año pasado, hablando con una de mis tías adoptivas (novia de un tío), me preguntó qué tipo de literatura me gustaba leer, le expresé cuál era mi favorita a lo cual ella contestó:
-Te recomiendo “1984” de George Orwell, te va a gustar, es una historia muy interesante.
Agradecí su recomendación y le prometí que lo buscaría en cuanto pudiera.

No tardó en llegar ese momento debido a que por el cumpleaños de mi amiga Andrea y gracias a una costumbre que tenemos de regalarnos libros cada año, Brenda y yo fuimos a una librería muy famosa (fondo amarillo, letras moradas), en donde aparte de comprar el presente, también –como enfermas- ojeamos libros, entre uno de los muchos que se posaron en mis manos, vi aquel que me había recomendado mi tía. Achiqué los ojos y me le quedé mirando mucho rato.

-¿Qué?-dijo Brenda a mis espaldas mientras se acercaba.
-Este libro… me lo recomendó una tía, y no sé si llevármelo o comer.
-Pues vele el precio.

CABUM. La parte desagradable. Entre mi yo interior y yo hicimos un trato: si lo volteaba y costaba menos de $100 me lo llevaría, y si estaba arriba de esa suma, podría irme triste a casa. Lo voltee: etiqueta amarilla $120, etiqueta roja $99. Cargué a mi casa otro libro aparte de los que iba a regalar.

¿Cuál fue mi impresión?

Comencé a leerlo en las últimas vacaciones de verano. Me dejó impactada, tuve que revisar cinco veces la biografía del autor para asegurarme de que Orwell no estaba describiendo la posmodernidad. Todo se asemejaba a la situación actual del mundo –si me lo preguntan- pero eso no quedó ahí. Cuando entré a quinto semestre, en una materia que tomé llamada “Geografía política” vi una teoría, esta teoría se denomina “La teoría de las pan regiones” propuestas por un alemán: Karl Haushofer. ¡Es muy similar! Obviamente los territorios varían, pero fue demasiado impactante al menos para mí (como geógrafa); la historia me envolvió, me gustó en demasía y sobre todo el final y los términos que se usan en el libro.

“El evangelio según Jesucristo”
José Saramago



Cuando cursaba tercer semestre de la carrera, tomaba una materia llamada “Epistemología de la geografía” con un profesor que muchos sabrán yo simplemente admiro muchísimo. Un día en su clase, después de dos horas, él comenzó a hablar de los libros que había leído y mencionó éste, que me interesó.

Yo soy católica por herencia, lo que ha hecho que me empapen de esta religión desde que nací y no tengo ningún problema ante eso, no es como que quiera cambiarla o algo así, pero a partir de los dieciséis años comenzaron a venírseme muchas preguntas sin ninguna respuesta, por lo cual cuando mi profe lo recomendó de inmediato quise conseguirlo.
Así que, en una lista que escribí a mis amigas (Brenda y Andrea) donde especificaba qué quería de cumpleaños, pedí ese libro.

-¡Daniela! ¡Qué déspota!
-Relájense, eso hacemos entre las tres.

Mi sorpresa fue que como regalo de cumpleaños número diecinueve al romper la envoltura me encontré con él. No saben la emoción que sentí.

¿Cuál fue mi impresión?

¡Me encantó! No había podido leerlo hasta comenzado el semestre, ¿cómo le hice para leerlo y también los capítulos de mis clases? No sé, pero lo terminé. Como dije, siendo católica desde siempre, me pusieron la imagen de un Jesús muy inalcanzable, algo perfecto; Saramago hace todo lo contrario, lo muestra humano, lo muestra con dudas y al final lo muestra arrepentido. Puedo decirles que lo terminé cuando iba arriba de un camión de regreso a mi casa y lo abracé en medio de toda esa gente. De verdad, creo que fue muy cúl.

“El momento en que todo cambió”
Douglas Kennedy



Después de haber cumplido mis diecinueve años de vida, tenía en mi poder $500. Un día por la noche cuando cenaba con mi mamá me quedé mirando el vacío.

-¿Qué piensas?-me preguntó.
-Tengo dinero y no sé qué hacer con él-contesté.
-Podrías ahorrarlo-fue el consejo que como buena madre me dio.

Y por supuesto que no le hice caso; una tarde al salir de la escuela, me subí al primer camión que me llevara al centro de la ciudad y me bajé cerca de una librería también muy famosa. Después del ritual de siempre (buenas tardes al cajero, sacar mi cartera/monedero, sonreírle al de paquetería y darle mi mochila) me enganché en los miles de libros que había. Quería algo que me moviera así que di varias vueltas antes de encontrarme con el de la imagen.

Cuando lo vi, su título me llamó mucho la atención, sonaba cursi, empalagoso, algo bonito y no sé ustedes pero si son igual de ridículos que yo, alguna vez se han preguntado “¿qué es el amor?”. Yo en ese entonces no tenía claro eso (ni ahorita, pues) y creí que ese libro me podía describir alguna situación que me lo dejara en claro.

Lo compré y me lo llevé a casa con una sonrisa de “Soy toda una triunfadora que compra libros con el dinero de su cumpleaños”.

¿Cuál fue mi impresión?

Me devastó. Comencé a leerlo también en las últimas vacaciones de verano, es una historia que le tira  mucho al dolor y ¡DIOS, GOTT, GOD! ¡LO CONSIGUE! Me gustó muchísimo, para empezar está relatada en la época de la Alemania dividida en este y oeste; amé su inicio, su desarrollo y el final que identifiqué como un “oxímoron” porque fue felizmente triste. Ese libro no me dejó claro qué era el amor, pero si yo pudiera elegir, me gustaría tener un romance como el de los protagonistas (anulando, por supuesto el final *inserte aquí lágrimas de tristeza*). Y esa sensación de vacío que me dejó fue gratificante, agradeces que un libro te mueva tanto.

“El vizconde de Bragelonne”
Alejandro Dumas, padre



Los escucho desde acá:
-¡Qué raro! El libro favorito en el año de Dani fue de Dumas, ¡vaya sorpresa!-lo dicen en tono sarcástico.

Como sabrán mi autor favorito a mis veinte años es Dumas, padre, hasta la fecha NADIE ha podido superarlo (lo siento Lauren Kate, ni tú) entonces qué bueno que no les sorprenda que el mejor libro que leí en el año haya sido de él.

El vizconde de Bragelonne es el último libro de la trilogía de “Los tres mosqueteros” obviamente ya había leído el primero en 2012 y leí el segundo titulado “20 años después” en 2013. Un día sentaba en la barra de mi casa perdiendo el tiempo en la computadora creí que sería buena idea saber dónde existía este libro que yo moría por leer, así que como internet todo lo puede pronto me apuntó las librerías en donde este ejemplar estaba. Para mi sorpresa podía encontrarlo en una pequeña librería que se ubica dentro de mi escuela. Di un grito de alegría y fue a negociar con mi mamá.

-Mamá-le dije entrando a su cuarto.
-¿Qué quieres?-me dijo apartando la vista del televisor y mirándome fijamente.
-Creo que soy tu única hija, buena alumna, un poco desobediente pero ¡oye! ¿Qué niña recoge su cuarto diariamente?
-¿Qué quieres?-repitió mirando al televisor de nuevo.
-Un libro…-sonreí con cara de conejo tierno.
Ella sólo contestó un “mmmm” y guardó silencio.
-¿Cuánto cuesta?-preguntó de nuevo con cara de “te estoy probando, Daniela”.
Le dije el precio, se vio condescendiente.
-Si recoges tus zapatos te lo doy.

Corrí a abrazarla y me fui de su cuarto.

Sinceramente no me acuerdo si recogí mis zapatos aquel día, pero el lunes cuando yo todavía estaba en tercer semestre, saliendo de una clase llamada “Geografía económica” corrí a la librería acompañada de una amiga. Me habían advertido ya de la envergadura de ese libro que “habían tenido que dividir en dos” pero no lo creí hasta que los llevaba cargando hacia el salón en donde tomaba alemán obviamente muy feliz. 1600 páginas cada libro, 3200 páginas cada una llena de amor.

¿Cuál fue mi impresión?
Puedo decir de igual manera como al principio, a mis veinte años, Alejandro Dumas ha sido el hombre que más me ha hecho llorar.

-Pero, Dani, ¿y tu primer amor?
-NO, NO, NI MI PRIMER AMOR ME HIZO LLORAR ASÍ.

El libro es hermoso, debido a que me hizo reír, llorar, enojar y aventarlo al sofá para después regresar por él.. Las ocurrencias de Porthos, el genio de D’Artagnan, la seriedad de Aramis y la perfección del Conde de la Fére conocido como Athos (a quien, después de Edmundo Dantés, considero uno de mis “no-esposos”) hicieron que yo estuviera muy pluripolar pos seis meses. Es una historia llena de acciones que te dejan con la boca abierta, que te enseña historia y que al menos a mí me hizo reír pero me hizo llorar más PORQUE NO LE PERDONO A DUMAS LO QUE HIZO CON PORTHOS Y CON ATHOS Y CON RAÚL *recuerda aquel momento, llora desconsolada en el teclado, no puede creer tanta maldad en el mundo*. Y por ello Dumas aseguró su puesto como No. 1 dentro de mi librero una vez más.

Justo hoy terminé (a las 7 am) otro libro que me dejó encantada y muy feliz, no lo pongo acá porque aún no paso de mi trance de haberlo terminado.

Es todo, amigos, si llegaron hasta acá los felicito, no me queda más que desearles un feliz año nuevo, agradecerles la concurrencia a este blog tan extraño de una persona tan irascible y poco constante como yo. Y esperar que estos nuevos 365 días vengan tan curiositos como los que están a punto de concluir.


Nos leemos después. 

1 comentario:

  1. Me alegra ver que aún tienes tiempo de leer, yo ni para la etiqueta del shampoo tengo tiempo :( Jaja. Me da risa la monotonía al entrar a Gonvill del centro XD (donde NO encontré ninguna agenda bonita) par que veas que si te leo ¿Eh? Sólo que por un show de blogger (algo que moví a mi blog) se me habían desactivado los comentarios... Hasta hoy.

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