Tenía esa seguridad de estar en un lugar tranquilo, lleno de nubes blancas y suaves, de vez en cuando se escuchaban los gritos de personas que caían del cielo a la tierra. Yo ya no estaba ahí.
En mi pupitre como siempre, escribiendo, perdiéndome en las letras una y otra vez, ignorando toda la mierda que me rodea.
Llegó Susana, esa rubia espectacular, curvas increíbles y unos ojos azules que impactaban, sin embargo era tan estúpida que hasta eso sorprendía.
¿Entienden por qué lo hice?
Estábamos en clase, leyendo a García Márquez, y ella bromeó, bromeó conmigo; se arrepintió.
Ahora ya no es rubia, es pelirroja, toda ella está roja.
Después uno de los ángeles viene a checar si estoy cómoda, claro que lo estoy, ni siquiera muevo los brazos.