Olvido

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Se olvidó de mí.
El silencio me opacó.
Las luces se apagaron.
Seguía ahí, como la noche a pesar de que no la vemos por culpa del día, por culpa del sol; seguía en silencio, respirando, viviendo, por qué vivía. No deseaba morir… todo era oscuro, sin sentido.
Se olvidó de mí.
Teniéndome tan cerca, ni siquiera lo notó…  lo olvidó, desaparecí para él.
Porque él se olvidó de mí.

Entre muros

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Era peor que la soledad, al menos ella te acompaña sin mencionar palabra, pero no estar sola y sentirte incómoda era lo que ahora me abatía.
 Cuando ves a la gente, es inevitable pensar que ellos encajan, en lo que sea, pero lo hacen y tú… bueno tú sigues ahí, esperando saber en dónde encajar. ¿Te revelo algo? Jamás sabrás si lo encontraste si sigues ahí, postrado.
Me gustaba pensar que esto de la infelicidad se pasaba pero me aterraba que se quedara ahí… a veces, no tienes para qué vivir y duela, cala hasta el hueso más pequeño que tienes.
Y sigues ahí… viendo para qué son buenos los demás y ¿tú? Acaso lo sabes… sabes para qué vivir, para qué olvidar los miedos y seguir. No es tan fácil cuando imaginas que no encajas en ningún sitio.

La vida apesta.

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He llegado a ese momento de mi vida donde a veces creo que todo ya no merece la pena y entonces me levanto para demostrarle a mi subconsciente que sí lo vale, ¿por qué? Ni yo me entiendo, salgo con miedo, como sin hambre, río sin ganas… sin muchas ganas, la última vez que me divertí no la recuerdo quizás fue en ese café con el que fui con la nena y bajo la lluvia con la que caminamos pero de ahí… no recuerdo haber tenido algún otro momento de un pequeña risa tan clara como el río que ansió tener.
Y entonces todo el mundo es diferente, ¿por qué? Por chingaderas, nada más… Tanta gente que cree que lo peor que les puede pasar es no pintarse o que se les quebré la uña, ¿por qué viven? Y a mí me asaltan… siento ese nudo de miedo que alberga en mi cuerpo esperando la segunda tajada… Miedo, maldito miedo. Mientras otras personas creen que lo mejor que les puede pasar es encajar en la sociedad. ¿La sociedad qué? Es puro acto de gente que no conoce lo que quiere conocer. Y  creen que yo soy la rara.
Mientras que otros parecidos a mí sólo queremos ser felices y no sufrir, ¿comparan algo con no pintarse o encajar en puro cuento? Por supuesto que no, esta a mucho de ser similar, creen que son cultos nada más porque saben poner acentos en dos palabras y porque saben que es el significado de blasfema. ¡Bah! ¿Creen a eso ser cultos? Les falta cultura… Y entonces yo estoy aquí escribiendo lo que a nadie le gusta leer, pero no importa a mí me gusta.

Maze Runner: Correr o Morir. Película para el 2012

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El día que termine de leer “Prueba de fuego”, me metí a indagar más sobre la última obra de esta trilogía escrita por James Dashner que pinta como una de las mejores que podré leer en mi vida. Pues entre clics y clics encontré que la adaptación del libro (la película pues) saldrá en el 2012 y su directora será Catherine Hardwicke (quien dirigió la primera película de la saga crepúsculo).
Sinopsis del libro:
Al despertar dentro de un oscuro elevador en movimiento, lo único que Thomas logra recordar es su nombre. No sabe quién es. Tampoco hacia dónde va. Pero no está solo: cuando la caja llega a su destino, las puertas se abren y se ve rodeado por un grupo de jóvenes. “Bienvenido al Área, Novato.”
El Área. Un espacio abierto cercado por muros gigantescos. Al igual que Thomas, ninguno de ellos sabe cómo ha llegado allí. Ni por qué. De lo que están seguros es de que cada mañana las puertas de piedra del laberinto que los rodea se abren y por la noche, se cierran. Y que cada treinta días alguien nuevo es entregado por el elevador.
Un hecho altera de forma radical la rutina del lugar: llega una chica, la primera enviada al Área. Y más sorprendente todavía es el mensaje que trae. Thomas será más importante de lo que imagina. Pero para eso deberá descubrir los sombríos secretos guardados en su mente. Por alguna razón, sabe que para lograrlo debe correr. Correr será la clave. O morirá.
Crítica personal:
 
La verdad me decepcionó saber la persona que dirigirá la adaptación, no quiero criticar su trabajo, pero en sí no me gusto mucho lo que hizo en la primera parte de “Saga Twilight”, personalmente creo que quitará datos importantes en esta película y en el libro todo se resume a una cosa: no morir. Pero esperemos que James se apiade de nosotros y la ayude un poco a base de lo que nos ha hecho imaginar en sus libros.

Pasado es pasado.

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Me palidecía muy rápido, mis lagrimas corrían lentamente por mis mejillas al recordar tan solo un segundo del pasado… No, no era bueno recordarlo ni un segundo, tal vez estaba mal y entre menos lo enfrentara más me haría daño, pero ¿qué hacía yo? Eran miles de recuerdos dolorosos contra mí, con nadie más.
-Vale más pensar que ya paso a que sufrí-me repetí limpiándome una vez más las lagrimas.
Me ardían los ojos de tanto haber llorado ya, y por más que me proponía terminar con ese teatro de dolor, lo recordaba una y otra y otra vez.
Mi cabeza reproducía imágenes que no me encantaban y aunque tratara de pararlo era como decirle ‘’anda, reprodúcelas hasta que explote’’. Uno no llora de dolor al recordar los buenos momentos.
Y hasta ese momento cuando llegue a ahogar mis gritos me di cuenta que no eran momentos buenos… Sólo dolor.
-¿Estás aquí?-pregunto Ella, tratando de ayudarme.
-No, me fui, aquí no estoy-cerré la puerta antes de que se obstinara a entrar.
-Te escucho llorar desde 2 pisos abajo. ¿No crees que debes hablar con alguien?-intento abrir la puerta.
-Si lo quisiera no estaría aquí llorando sola ¿no crees? Vete-me senté en el piso esperando que se fuera.
-Olvida lo que no puedes reparar ya…-grito pateando la puerta-el dolor es algo estúpido, si no lo superas te ahogara-una patada más.
-Ya me ahogó-grite.
-No lo ha hecho, vamos sal-escuche como se sentaba y se recargaba en la puerta.
-¿Qué tengo que hacer con el sentimiento que me agobia?-me acerque a la puerta.
-Eliminarlo…-contesto Ella con la mente en positivo.
-No es fácil-mire el suelo.
-No he dicho que lo sea, ni lo será, pero no es imposible…-suspiro.
-No puedo, a menos que ellos mueran-pegue mi cabeza a la puerta.
-Pero, si ellos no mueren hasta después de tiempo ¿serás infeliz toda tu vida?-comenzó a reír-patética.
-No me digas así…-suspire tranquila-pase por cosas feas.
-Como todos las hemos pasado. Escucha… todos tenemos un pasado por eso somos lo que somos, y todos podemos ser infelices alguna vez, pero es de idiotas que dure toda la vida.
No sé si fue en la manera que quiso insinuar que era una idiota o si en verdad tenía razón, no podía seguir sufriendo por cosas que ya habían pasado. Pero lo seguro era que me pare de ahí y abrí la puerta y ahí estaba la tonta que quiso decirme estúpida, pero sobre todo mi amiga, que veía por mi bien.

Mi fiel acompañante.

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Pagué los dos boletos del camión y camine de vuelta a mi lugar, ahí yacía mi abuela leyendo su revista que con tanto encanto había ultrajado del consultorio del doctor.
-Me la llevaré para leer algo en el camino-guiño un ojo y metió la revista en su bolsa vigilando que nadie la viera.
Tomé mi lugar a su lado y revise que todo estuviera en su sitio.
-Si quieres dormir puedes hacerlo-dije sacando mi librillo de mi bolsa.
-Sí, igualmente-asintió y se metió completamente en la revista.
Hice lo mismo con el libro. Leía las últimas páginas de ‘’Cumbres Borrascosas’’ una novela que  me cautivó aún después de que la aborrecí por más de un año, bien dicen que terminas queriendo lo que no esperabas ni querías querer.
Enamorada del amor que Heathcliff tenía por Catalina, y enamorada de la pareja que hacían Catita y Harenton… me lamente más de no haber vivido en aquella época.
-¿Te das cuenta?-pregunto mi abue rompiendo el sonido del silencio.
-¿De qué?-aparte mi vista del libro y la mire.
-Estamos ya en el centro, acabamos de pasar por tu prestigiada escuela.
Mire a mi alrededor y vi que nos aproximábamos a la casa de los perros, sí, mi prestigiada escuela, a menos para mí, la Universidad de Guadalajara, donde impartían la licenciatura de Geografía, era uno de los mayores logros que esperaba cumplir en unos años (aparte de ir a la Antártida).
-Sí-me reí-fue rápido…
Amaba los viajes con mi abue, cuando era momento de silenciar lo hacíamos y cuando no, no parábamos de hablar de nuestras cosas, sobre todo de las quejas que brotaban de nuestras bocas. Era así de sencillo, si quería explicarle algo, lo hacía con lujo de detalle y si no, se conformaba con saber algún libro que me interesaba.
No había tan fiel acompañante como ella en mi vida, me escuchaba parlotear todo el día, escuchaba mis quejas y hasta mis tristezas. 
Yo que amaba hablar de la lectura, de los libros que leía y de las imágenes que se me venían a la mente leyendo… Suspire aliviada de que al menos alguien en mi mundo me escuchara sin presumir alguna cosa que no fuera yo misma.
Cuando la parada estuvo cerca, me señaló la salida y que timbrara, baje y enseguida tendí mi mano para que ella bajará, quejumbrosa tomó el primer taxi que vio aproximarse, subimos y fuimos directo a casa…

El reaccionar

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Ella se levanto pensando que estaban mal… Que había sido su culpa y entonces se dio una cachetada a ella misma. Ya basta de sentirse así. Solo había sido sincera y si por eso se había molestado lo sentía pero no era su culpa y lo sabía muy bien.
Fue entonces que reflexiono que él no cambiaría y mucho menos por ella…
Había leído tantos refranes de amor que se le hacía gracioso que apenas comprendiera esas palabras, ella tenía que cambiar, para bien. Se había perdido a si misma tratando de complacer a los demás y lo sabía muy bien…
Las cosas en el camino no son fáciles, pero nada es fácil en esta vida y ahora ella quería estar bien con ella y con los demás pero sobre todo con él, porque ella si pondría de su parte, como todos los días y noches aunque él no se diera cuenta de eso. Sola podía llorar, podía patalear pero jamás nadie la vería de tal manera.
-¿Estás bien?-le preguntaban cuando tenía esa cara de estar en algún lugar lejano, con la mirada apagada y el gesto sereno.
-Sí-contestaba con una sonrisa, mentía.
No quería dar explicaciones a nadie de lo que sentía, eso no serviría de nada. Nadie la entendería más que ella misma.
Entonces subió las escaleras de la casa… se quedo ahí arriba mirando el amanecer mientras sus lagrimas caían despacio… suspiro tantas veces, hasta que se dio cuenta de que tenía sueño.

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