Es un cliché decir esto en una temporada en la que a mi alrededor parece que el amor -el heterosexual cliché- florece en el corazón de muchas personas. No me lo tomen a mal, en realidad no es una afirmación que venga desde la envidia, el rencor o el vacío.
Desde que tengo memoria, el 14 de febrero no me gusta. No me trae ninguna sensación de felicidad su aproximación ni gozo el día con alguna peculiaridad diferente. Puede haber años en los que pasa totalmente desapercibido o en el que representa una verdadera presión social el no sentirse querida o tener alguna pareja que nos regale un enorme ramo de rosas y nos lleve a cenar a la luz de las velas. Soy humana y siento y muchas veces me presionan prácticas sociales que sé que no me gustan, como ésta.
Recuerdo los años en los que fui más reticente: durante mi pubertad y adolescencia. Era muy pesado llegar a las aulas de la escuela y encontrar a mis amigas con algún detalle, paletas, cartas, peluches o abrazos y era pesado porque yo no tenía nada, ni siquiera la intención de regalarles algo. Se sentía una fuerte presión en la preparatoria porque parecía que todas estaban enamoradas, pasaban con grandes regalos y flores de la mano de su pareja y los jardines eran decorados con pétalos de rosas con alguna declaración como "DANIELA, ¿QUIERES SER MI NOVIA?"; evidentemente a la Daniela a la que se dirigía el mensaje no era yo.
Por muchos años las personas me hicieron creer que esa animadversión era porque no sabía lo que era el amor, es decir, que no tenía pareja. Y en lugar de decir lo estúpidos que eran, me cuestionaba a mí misma con ello: ¿será que sí? Me posicionaban en un papel en el que parecía que era muy difícil que se me quisiera, rara, enojona, poco detallista, con un grado de superioridad, ¡ufff! Terrible. Yo misma me lo creí hasta el punto de estipular que el amor no existe. ¡El amor no existe decía yo como si fuera tal la cosa! (Lo peor del caso es que ya pasé algunos años con pareja dentro de esa celebración y mi postura no cambió al estar aparentemente enamorada).
Crecí con esa idea: el amor no existe. Y es hasta mis 27 años que puedo sentarme y analizar con demasiada cautela por qué me engañé tanto tiempo con esa autoafirmación. Durante los últimos cinco años al menos, encontré muchos textos, memes o tuits que declaraban que lo que nos tenía decepcionadxs era el amor romántico y no realmente el amor. El amor romántico es una pauta patriarcal que asigna roles de género y actividades que cada participante debe de hacer en una relación de pareja -esta relación por supuesto solo contempla la monogamia, la heterosexualidad, y una relación de subordinación en donde el hombre controla a la mujer-. Por ello muchas veces las mujeres acabamos heridas, confundidas y bastante decepcionadas de pensar que no podremos encontrar al acompañante de en sueño.
Tardé 27 años en encontrar las palabras exactas para poder justificar por qué el 14 de febrero no me gusta y no es porque no tengo pareja o porque soy una persona sin sentimientos. Es simplemente porque las prácticas a las que se adapta esa celebración no definen la manera en la que yo amo. Ayer leyendo El camino del artista de Julia Cameron encontré un epígrafe que me hizo pensar mucho en esta declaración escandalosa, en ella se dice:
"Saber lo que prefieres, en lugar de decir sumisamente "amén"
a lo que el mundo te dice que debieras preferir,
significa que has mantenido tu alma con vida"
Robert Louis Stevenson.
Esto me pareció una revelación en diferentes puntos de mi vida que no puedo desarrollar aquí, pero en lo particular me hizo pensar en esto: no quiero amar como el 14 de febrero me pide que ame. No puedo desde el simbolismo que no me representa y tampoco me gustaría ver a las personas que amo como un producto de consumo.
Estoy en un proceso constante de eliminar de mi vida las prácticas que el amor romántico me dejó después de un par de experiencias traumáticas que tuve con diferentes hombres -porque habrá que aceptar que cargo la condena de ser hétero-. Por esa razón ya leí algunos textos que me explican cómo desarmar ese discurso que sale desde nuestro adorado sistema capitalista y aunque me falta muchísimo por trabajar, éstos me ayudaron a comenzar a explicar verdaderamente el porqué este día no me gusta.
Actualmente leo Todo sobre el amor: nuevas perspectivas de Bell Hooks y la manera en la que posiciona qué es el amor y desde cuántas direcciones puede venir quiebra el recipiente en el que el amor romántico nos enseña que es éste un sentimiento que llega de manera casi natural. Ella dice que "Convendría empezar a considerar el amor como una acción más que como un sentimiento, puesto que de este modo asumiríamos automáticamente una parte de responsabilidad por ello" (Hooks, 2000).
Con todo lo anterior para nada cuestiono cómo lxs demás pasan el día. Me parece genial si te encanta celebrarlo, si te gusta regalar cosas y celebrar el amor con tu pareja o amistades de esa forma, salir a tomar algo, preparar una cena romántica, escribir cartas -yo le escribo muchas cartas a las personas que quiero-, hacer grandes pancartas con declaraciones cursis. E igual me parece genial si eres esa persona amargada y reticente que dice que el amor no existe. Este es un texto de autoafirmación para decirme a mí misma que está bien no estar de acuerdo con lo que parece una norma en la sociedad y que por ello no es que yo carezca de afectividad o capacidad para amar y ser amada.
Gracias a las autoras que leo puedo decir que el 14 de febrero es...
- El epítome del discurso del amor romántico donde dos tienen la obligación de celebrar su amor a través de detalles materiales (y el amor por mi familia, mis amigxs, mis perros, mis profesores o compañerxs de trabajo es nulo).
- Un día de alabación al hipercosumismo de cuerpos y capital (porque debe haber una fuerte demostración de cariño a través de la compra de un detalle en exceso, un detalle chico no representa lo mucho que amas).
- La construcción de simbolismos donde las rosas rojas y los corazones dibujados representan el amor (encuentro el amor hacia mis personas favoritas y estas tienen simbolismos muy distintos: un tacón, una flor, una huella, un libro).
Puede la gente venir a opinar que no está de acuerdo y estaría de acuerdo con ese desacuerdo, al final cada quien vive el amor como mejor le hace sentir para su vida. Esta manera es en la que yo me cuestiono por qué no me gusta celebrar algo que se han empeñado en repetirme que debe ser glorioso cuando yo lo encuentro cada vez más desafortunado y cuando solo mantiene ese sentimiento de profunda tristeza al ver que no soy amada bajo esos términos. Porque ahora sé que no quiero serlo bajo ellos, sino bajo los que me permitan no solo ser amada, sino amar de una forma en que eso implique un crecimiento para mí y para los que amo. Un trabajo arduo en el que me esfuerzo diariamente.
Por estas razones es que no me gusta el día del amor.