Era un camino largo pero no
recto y esa era una rutina, pero de todas las rutinas, la que más le gustaba a
María o en este caso la que menos le desagradaba; se posaba casi diariamente
por ahí, hacía alrededor de media hora y sabía, casi sin ver en qué lugar
estaba si se detenía.
Esta vez iba entretenida en
otras cosas, como comer su manzana verde, por su puesto. No era su favorita,
eso lo sabía todo mundo, a ella le gustaban las manzanas rojas, porque decía que
“esas sacan más jugo, están duras pero no lo suficiente como para creer que te estás
arrancando la muela del juicio”; entonces, ¿por qué diablos se estaba comiendo
una manzana verde? Porque en aquél momento era su “peor es nada” y le agradaba
hasta cierto punto.
Regresaba a casa después de
haber ido a “ayudar a acomodar una exposición fotográfica” que por su puesto
sólo había cargado dos cuadros cuando comenzó a llover. María tenía el pelo
esponjado, pero, lo que pudiera provocar una crisis existencial es muchas
chicas, a ella le venía de maravilla, le gustaba el pelo esponjado con ciertos
rizos, se sentía especia.
Llovió entonces, y ella al
principio no se mojó, se sintió una ganadora y comenzó a caminar, con una café
y con esa manzana verde, ácida y dura como el metal (exageración), cruzó tres
calles sin necesidad de una lancha y entonces, llego el primer cuerpo de agua
para despojarla de toda victoria.
Al principio esperó como
toda la gente, “antes muerta a que se mojen mis pies” pensó “que se moje todo,
menos mis pies” el pensamiento de orgullo no le duró mucho puesto que cruzó
creyendo que no pasaría nada… y pasó un carro que hizo el tsunami indebido que
fue la primera pérdida en esa guerra de no mojarse los pies.
Siguió ya herida hasta el
que parecía el antiguo arroyo que ahora actuaba como calle, son saber cómo
pasar se dio por vencida y pasó aquello con la mirada en alto “y con los pies
mojados” volvió a pensar.
Por no tener nada qué
perder, continuó su camino brincando en cualquier charco que viera y mojando a
la persona que le pasara porque si ella ya se había mojado, todos tenían el
derecho de hacerlo.