Ya va un tiempo desde mi última publicación. La inspiración es un tesoro muy valioso que pocos tomamos en cuenta y somos algo estúpidos al no hacerlo porque a veces nos hace mucha falta para vivir. Todos podrán decir "bien, Dani, tienes ya años sin escribir aquí y vienes a darnos un sermón aburrido"; mi respuesta sería "no". Los últimos días he vivido muchas cosas, las cuales había jurado jamás hacer pero últimamente he entendido que en mi vocabulario dicha palabra es igual a "olvídalo, algún día lo haré y me sentiré estúpida de haber dicho nunca", lo mejor del caso es el arrepentimiento nulo que siento al vivir lo que estoy viviendo.
Lo anterior comienza con hoy; cierro un día maravilloso -porque literal lo comencé despierta a las 12 am- teniendo una infinidad de borracheras, crudas y mucho frío. El punto medular para catalogarlo como un día fuera de lo común surge a partir de las, no sé, 10 am, cuando yo muy quitada de la pena le decía a una prima que la angustia porque un ratón se había metido a su casa sólo incrementaría la colitis que ya presentaba (cabe decir aquí que no soy médico, no estudié medicina y no sé ciertamente si la angustia te genera algún malestar -desde el pensamiento occidental donde todo se arregla con medicina tradicional, claro-), con base a ello su hermana exclamó un poco desconcertada:
-¡Chingado, Daniela! ¡¿Por qué no estudiaste medicina?!
En el momento se me vinieron miles de respuestas a la cabeza como "qué asco, no", "me viste cara de qué", "porque no me gusta la sangre" (muy típica), "lloro al ver enfermos" (muy estúpida), pero al final mirándola con asco contesté lo siguiente:
-¡Ay no! No quería algo tan simple en mi vida.
Esa respuesta sintetiza todo lo que siento, no obstante tardé en darme cuenta el porqué. Justo hoy, repito, pasaron cosas grandiosas y para mí significa mucho debido a que, sí, literalmente es el primer día del año y comenzarlo tan bien me da un buen augurio para el resto del mismo -LO SÉ, SUENA TAN ESTÚPIDO PERO, A ESTAS ALTURAS DE MI VIDA, TAN REAL- ¿por qué? Bueno, cerré muchos ciclos antes de cerrar 2016, en verdad, cerré tantos ciclos con personas y cosas que es como haber liberado mucho peso. Dije muchas cosas a muchas personas que se merecían esas palabras que siempre guardo, recibí pocos pero sinceros mensajes de las personas con las que quiero estar para siempre. Comencé, en fin, el año con personas a las cuales aprecio, borracha, feliz, eufórica y cruda.
Comencé viajando a Amatitán -un municipio de Jalisco- en una camioneta de carga con gente magnifica que me hizo reír hasta irritar mi garganta, pero lo que más me gustó fue la acción que hizo que la respuesta a mi prima tuviera tanto sentido, al pararme en el mismo medio de transporte tuve la oportunidad de mirar el paisaje y para sorpresa mía COMENCÉ A LEERLO (profe Hirineo no sabe lo ansiosa que estoy porque lea esto); las montañas, fábricas, los asentamientos humanos, la agricultura, todo comenzó a moverse en mi cabeza intentando darle una explicación del porqué estaban ahí, sobre puestas, incompatibles y a la vez siendo uno mismo en el espacio.
Por ello, en secreto, lloré poquito porque, a seis meses de haber concluido con mis estudios en la universidad, como muchos, quedé con la duda de saber si había aprendido algo en la escuela, porque como supongo que a todos nos pasa, siempre existe la seguridad de no hacerlo, como si el tiempo pasara y uno fuera el mismo. Aunque en mi caso específico hoy, de verdad apenas hoy, me di cuenta que cuatro años repercutieron de manera profunda en mí y no sólo de manera académica con un cerca inquebrantable sino en mi vida entera. Y quizá -ahora me refiero a todos- no lo percibimos porque vivimos con el cambio día a día. Por ejemplo, cuando tienes mucho sin ver a una persona y te encuentras con ella está como "¡mira lo mucho que has crecido!" y tú sólo puedes poner cara de estúpido porque no notas la diferencia del ayer y hoy hasta un punto específico (viendo fotos antiguas).
Y entonces llega el momento en el que ves que sí aprendiste algo o mejor aún, que puedes aplicarlo y me emociona mucho haberme dado cuenta el día de hoy, 1ro de enero de 2017 en la parte trasera de una camioneta, riendo, siendo golpeada por el viento, apreciando paisajes rurales, urbano-rurales vespertinos, naturales (aplicando su definición dentro de la 2da naturaleza según Harvey bebé o Natura naturata según Santos), o urbanos nocturnos; gritando hasta quedar loca, con la lengua quemada por el café de la tienda de autoservicio y con la resaca de haberme tomado un cuernito lleno de tequila de un solo trago.
A lo que voy es que apenas hoy estoy segura del porqué geografía y no otra cosa, 2017 va a ser un año excelente (aunque nadie me lo haya asegurado) y que no prometo volver pronto pero al menos sí volver.