Lo demás ya no pasa

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La lluvia recorrió su rostro como su tristeza, entera, sin detenerse ante aquella expresión fría, y entonces comprendió… nada ni nadie lo haría por ella.

No sabía ni para dónde mirar cuando encontró el lindo marrón de esos ojos.

-Esos ojos-susurró.

-¿Qué?-preguntó el chico a su lado.

-Qué bonitos…

Él sonrió.

-Son unos simples ojos marrón, ¿qué tienen de especial?

-¿Qué ojos marrón no son ordinarios?-ella le miró de frente-, los tuyos. Eres al único que en la plaza miraría a pesar de tener ojos marrones…

Agachó la mirada, estaba apenada.

-Apuestas mucho por mí-dijo ese chico sonriendo.

-¡Ahí lo tienes!-ella aplaudió-. ¿Por qué debes sonreír y encantarme? ¿Por qué no sólo haces una mueca? Apostaría por ti, por tus ojos, por tu sonrisa.

-Basta-comenzó a reír él.

-Por favor…-lo miró con ojos suplicantes-, no me atormentes… no hagas que te adore y de repente, simple mente quieras que dejes de hacerlo.

-Es que… “adorar” es una palabra tan fuerte…-suspiró aterrado.

¿La quería herir? No. ¿Sentía algo por ella? Sí. ¿Sabía qué era? No.

-Yo sé que no sientes ni un poquito lo que yo siento-sonrió ella-, y no te pido que lo hagas… sólo, no temas, no de mí.

-No lo hago, querida-dijo él de nuevo sonriendo.

Tomó su cabeza y la abrazó con fuerza, ella olfateó todo lo que pudo, temía que sólo durara un instante, quiso besarlo, besarlo y no dejarlo ir, pero no lo tenía y dudaba en tenerlo.

-Si al menos… no sintiera eso por ella-dijo él recriminándose.

-No importa-lo soltó, todo iba bien hasta que la menciono-. Algunos ganan y yo en esta carrera llegué última.

Se puso de pie y antes de marcharse le dio un beso en la mejilla.
Tenía razón, pero en eso del amor ser última es lo mejor.

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