La chica que decidió usar labial en la lluvia

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Toc, toc, mis botas hacen un ruido muy acogedor en medio de todo este clima medio nublado, lo que parece divertido es que a ninguna persona le parece agradable tener trapos más trapos sobre de ellos, su naturaleza es estar desnudos sin que ellos se percaten de eso. ¿Qué más da? “Si tienes ropa para cada temporada del año, úsala hija”, dice mi mamá cada que la gente nos ve raro por traer ropa según el tiempo. He comenzado a creerle.

Tanto así que ahora que chispea o cae el conocido “moja pendejos” yo salgo a la calle por un libro, ¿qué más da si tengo puestas unas botas de hule, impermeable transparente y un paraguas que cabe en mi bolso? Sonrío en el camión pensando en todo eso, en lo ridícula que quizá la gente amargada crea que soy y quizá, fuera mi subjetivismo ególatra lo soy, pero es algo que mi mente nunca va a aceptar abiertamente.

Muevo mis pies un poco desde el fondo del autobús, aparte de mí sólo lo abordaron un niño regordete con unos cachetes que piden que uno los pellizque y su abuelo, que conforme avanzan le explica lo que hay en la calle… así, pues siguió todo, quizá hasta me gané un admirador (sí, el niño que no dejaba de voltear como si fuera una modelo hermosa –o quizá un extraterrestre feo, no sé-),  recordé el día siguiente.

Era ya casi noche y yo lavaba trastes, con agua caliente, de pronto sonó el teléfono y por pura casualidad de la vida se me ocurrió contestar:

-¿Bueno?-dije aparentando mucha valentía.

-Sí, buenas tardes, ¿se encuentra Daniela?

-Con ella habla-el terror comenzó a invadirme el cuerpo, ¿una extorsión quizá?

-Sí, mira, hablo de librerías “Pi-pi-pi”-dijo la muchacha; mi cuerpo se relajó y abrí mis ojos como platos, esperando que dijera lo que ya por adelantado sabía que diría- para avisarte que nos acaba de llegar tu pedido y queríamos saber si todavía te interesa para apartártelo.

Di vueltitas sobre mi propio eje y salté muchas veces.

-Eh… sí, mañana mismo voy por él-contesté-, muchas gracias.

De nuevo, regreso a la escena del camión donde el cachetón ha vuelto a mirarme por sobre el asiento, quizá es por el labial que decidí ponerme hoy a pesar de la lluvia, le sonrío… qué arriesgada soy; su abuelo sin darse cuenta sigue señalando objetos en la calle y se nos ha aunado un muchacho abrigado de pies a cabeza, entre más nos acercamos al centro de esta, ahora ya, gran ciudad, la precipitación aumenta y eso puede ser exasperante para muchos. No para mí.


Así toca el momento de que me baje y abro el paraguas que me protege bien y casi como impulso, no de protegerme del agua sino de comprar ese libro ya, camino ávidamente por la acera resbalosa, no me caigo y por fin llego a la librería que una de las dos más bonitas que he visto hasta ahorita. Compro lo debido y en menos de 15 minutos, voy de nuevo a mi casa.

Cartas a mi abue; VIII

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Abue:

He intentado repasar qué fue lo que pasó este último año que me ha hecho cambiar tanto y a mi parecer no de un modo malo, al contrario, me he culturizado como si de eso dependiese toda mi existencia, he sido hasta cierto punto más social y he tomado cursos en verano como muchas veces tú lo quisiste, y he llegado a la conclusión de que lo hice por lo que lo hacen todas las personas ordinarias en esta tierra: por perder algo/alguien.

En este caso en específico fuiste tú, tu perdida aunque lo admita con una pena enorme, ha sido uno de los hitos más importantes de mi vida. Para sobreponerme al principio no comía y me quedaba horas mirando el vacío al que me llevaba la pared de aquí de la casa, y sé que suena suicida, pero realmente yo no lo veía como término de “depresión” en el que me estaba hundiendo –aún lo hago de vez en cuando- después a tu pérdida se unió la otra pérdida la unión familiar que tenía desde niña, todo se desvaneció y me comencé a sentir más sola de lo que ya, por último se une una nueva pérdida de la persona a la que más he querido hasta ahora –amorosamente hablando, claro está-; ¿imaginas? Todo en un año, en menos de un año… se fue todo a la basura, lo más difícil es comenzar de cero sabiendo que pudiste llegar a un número infinito. Me amargué.

Uno no ve que comienza a irse hasta el fondo del abismo hasta que puedo salir de él, la casa estaba sola, no olía a comida y yo ya no tenía con quien platicar mientras hacía espagueti o albóndigas… ya no cocinábamos en ella… ya no habitábamos en ella. ¿Qué estaba pasando pues? Era sólo una joven de 18 años que no creía que todo hubiese pasado en sus narices.

Comencé a vivir de nuevo en abril… gracias a un viaje muy bonito hacia Sinaloa –sé que ahora comienzas a reírte- conocer un lugar nuevo que sabías tú quería conocer desde hace mucho hizo que mi perspectiva cambiara, me hizo lamentarme, claro, pero al fin de cuentas me abrió tanto los ojos que comencé a sentir de nuevo… después… un viaje a la Huasteca Potosina, tan bonito que me hubiera gustado llevarte, lo que abre uno de los dolores que más me pesan de tu muerte, no haber podido llevarte a Londres… otro viaje más a Guanajuato, con mi mamá… primer viaje que hacía con ella después de mucho tiempo (ella también cree que te quedo a deber demasiado), otro a Nayarit, el más divertido, siempre encuentras a personas con tu manera de pensar ¿sabes? Y por último a colima. Todos esos viajes me han servido de mucho… me han servido a sobre llevar tu muerte.

Te necesito abue, porque eras la única persona que siempre me escuchó, que siempre me cuidó a pesar de que no tenías ninguna necesidad de hacerlo… te necesito porque necesito decirte todo lo que he aprendido, cuántas cosas bonitas he vivido, lo correcta que me he hecho, lo culta, lo atenta… porque me ha costado más de un año entenderlo, pero sé que todo eso lo he hecho para tapar un vacío que dejaste poquito a poquito… porque extraño tu voz y tu olor y que daría mucho por sentirte de nuevo aquí conmigo. No sabía qué tan duro era perder a alguien porque, citando a modo no exacto una frase “si se van, sabes dónde están o qué hacen o puedes imaginarlos, pero si se mueren sólo te queda el hecho de resignarte” y aún no lo hago.

Espero veas esto desde donde estés, te quiero tanto, tanto, tanto Berta viejita.

Los pájaros

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Abrí los ojos con mucho pesar, el cielo contaba con una dicotomía de azul y naranja, el imparable atardecer estaba dominando nuestro al rededor, sin quererlo me acordé de ella con el cantar de los pájaros que a esa hora vuelan a dormir.
-¿Escuchas? Los pajaritos ya se van a dormir.
Abrí mis ojos sorprendida como lo hacía siempre.
-¿Por qué sí todavía es de día? 
Mi abuelita pensativa miro los árboles y sonrió.
-Porque ellos duermen temprano debido a que no les gusta la noche.
Asentí muy de acuerdo.
-A nadie en la tierra le gusta la noche...
Desde ese día los pájaros me caían bien... Se asimilaban a mi cobardía de no poder ver en la oscuridad.
Después de todo, sólo volví a los ojos para olvidar que estaba cayendo la noche.

Atardecer

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El viento movió mi pelo en suaves oleadas a través del puente, con una brisa del río al chocar con las rocas; el atardecer hacía las cosas más pronunciadas, como si corrieran todos a su casa a refugiarse de la amarga noche, cual cuento de terror donde el toque de queda es a las 7 con el horario original del mundo, en alguna aldea terrorífica de Europa, pero para nosotros no, el atardecer era la última oportunidad del día para hacer lo que fuera.

-Volar papalotes-dijo un día comiendo manzana.

-Brincar en charcos-dije yo otro día comiendo galletas de avena.

Ahora estábamos arriba de un puente, sentados en medio del silencio.

-¿Qué hubiera sido de nosotros en una época pasada?

Su pregunta me hizo reflexionar segundos.

-No sé-le di un sorbo a mi jugo-, tendría que casarme con alguien desagradable a los 17 años, limpiar y tener crías como un conejo. Lavar, hacer de comer y arreglarme para cada luna de miel.

-Los esposos sólo tienen una luna de miel, tonta-dijo él comiendo un pedazo de lechuga.

-Quiero hacer los siglos pasados más románticos-lo miré-, quizá nos hubieran casado.

-¿Casado? ¿Juntos? ¡Ya lo creo que no! Me volvería loco al lado de una mujer como tú: neurótica e inteligente.

Sonreí, más que una ofensa sabía que lo decía como un halago, me gustaba la manera insistente en que sabía decir las cosas, tenía ese “no sé qué” que llamaba mi atención hasta hacerme perder el sueño.

-Estarías tan enamorado de mí que no te importaría mi inteligencia, como a mí no me importaría la tuya.

Él sonrió.

Todo quedó en silencio no incómodo, donde se escuchaba el caminar del sol, avisando que iba a dormir por, quizá, 12 horas, era mi tiempo favorito en el día, el último suspiro de su luz. Tenía el potencial de saber cuándo irme para no morir de miedo en la calle. Me puse de pie, tomé mi comida y le di un beso en la mejilla.


Corrí a mi casa a medio morir con una sonrisa en los labios. 

El ratón

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Cuando sientes los pies fríos, a pesar de haber seleccionado con gran espero los calcetines más gruesos y coloridos, sabes que a pesar de todo el dolor que te cause admitirlo, la temporada fría ha llegado y que es necesaria una chamarra que sabes que a pesar del calor que haga dos horas después no cabrá en tu mochila.

Caminaba en busca de algo nuevo, según un amigo lejano, era una librería que me gustaría. ¿Él que sabía si no me conocía? Típico de la gente así, lo que a ti te parece demasiado importante e interesante, para ellos es una cuestión estúpida sin validez. La busqué aún así porque llevaba meses buscando un libro que me llenara.

Esa era mi vida, las lecturas de filosofías –que llega un punto en el que no crees que influyan en tu vida y ¡pam!, ahí tienes muy presente al racionalismo en el color de calzones que eliges- la escuela, y recolectar libros a pesar que tengo una pila con 5 que aún no comienzo. ¿Y qué? Recuerdo cuando creía que la gente me estimaría por ser una lectora concurrente, “sorpresa”, para muchos eres una estúpida. Y cosas de esas.

El frío comienza y no se molesta en mostrártelo, a él le encanta ser notado por los demás, tenía un gorro de rayas de colores y mis mejillas estaban frías hasta colorarse,  buscaba con atención los puestos, unos tenían letras llamativas, otros no, otros se enfocaban en el diseño. A mí me gustaba mirarlos, quizá esa técnica era buena, pero la comida no.

Caminaba, sonreía y cantaba, me gustaba aparentar estar loca y que la gente me evitara… los que no, esos extraños inadaptados me caían bien sin necesidad de hacer nada, porque sabían lo que era tener tu canción favorita en reproducción y no poder evitar cantarla, a pesar de estar sola frente a un mundo de gente desconocida.

Ahí estaba de repente “Librerías el Té”, un lugar pequeño y amontonado; imaginaba el olor hasta que lentamente apareció cuando entré. Había libros, sin lugar a duda y habría más si buscaba con detalle.

-Hola-apareció una señora que me despertó de mi aturdimiento.
-Ho-hola-contesté ensimismada del aspecto del lugar.
-Perdona, ¿te asusté?-caminó hacia mí.
-No… es que el olor a libro me llegó tan de repente que no tuve tiempo de pensar en otra cosa.
-Ya veo… ¿qué te hizo venir por aquí? ¿Alguna recomendación?

Una señora social me llamaba la atención más que las elecciones de cualquier país y más si traía unos converse morados y una blusa holgada.

-Fue una burla-comencé a recorrer el lugar-, de un personaje que no sabe nada acerca de la magia. Quiso decir algo como que esto era un rincón y yo una rata.

Ella se sorprendió de mis palabras, pero sonrió.

-Pues si es así, bienvenida al rincón de ratas más divertido del mundo-sopló unos cuantos libros-, algo que aprendí de convivir en un entorno no apto para mí, fue tomar todo con un criterio divertido delante de la gente, después, a solas, matarlos a pensamientos. Me sirvió y ahora vivo feliz.

Sonreí. Después de todo entendía.

-Pues quizá…
-¿Entonces?-alzó una ceja.
-Vengo a buscar un libro-le dije mirando un librero.
-¿Cuál?
-No sé, uno que sea el 6to en mi pila de libros que aún no leo, ¿cuál crees que me sirva?
-¿Te gustaría leer todos los libros del mundo?
-No, porque perdería mi tiempo en los que no me interesan.

Sonrió de nuevo.

-Encontré uno de marineros la otra vez, era no muy viejo y tiene una dedicatoria de amigo a amigo. Es lo que te falta.
-¿Un amigo?-abrí los ojos-, pero si yo ya tengo amigos, digo, me veo un poco anti…
-¡No! Un libro de marineros para tu pila de libros que aún no lees.
-Ah…


Después de no muchos minutos me dio ese libro, que a pesar de una portada poco bonita, al parecer el contenido era interesante, le di las gracias y tuve que prometerle volver unas seis veces. A pesar de todo él tenía razón, esa esquina a este ratón le sirvió.

Cartas a mi abue; VII

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Hace mucho que no te escribía, por cuestiones que sabes de sobra; No. 1 no tenía ni sabía qué decirte, la vida se me presentó algo monótona desde hace unos meses y No. 2 entré a la escuela, y bueno, creo que mis profesores se pusieron un poquito más exigentes de lo normal, en realidad no importa, estoy aprendiendo tanto como considero que mi cabeza no explote y eso, también lo sabes, me hace muy feliz.

Hoy exactamente, uno de los señores que considero perfecto sonrió al ver mi tarea y pues, eso es como si te dieran un pastel de vainilla con fresas para ti sola, ¿no? Te dije que le iba a echar ganas y pues, espero pronto veas más y mejores resultados que los pasados.

¿Cómo estoy? Pues bien, no sé –ni recuerdo y no me atrevo a volver a las cartas pasadas- si te dije de una decepción muy grande que tuve antes de salir y después de entrar a la escuela, pues sino ahí lo tienes, una muy grande decepción. A veces creo que la gente y en general todo lo que nos rodea es como un ogro maligno (agregándole un moco verde) que te quiere matar o algo parecido; estuve pensando en eso mucho tiempo, pero al final de cuentas nada puedo hacer para cambiar la opinión de la gente ¿o sí? Exacto, no.

Por lo demás no te apures, todo va excelente, he conocido a algunas personas muy buenas, me refiero a que sí, he conocido a gente durante todo este más de un año que no has estado, pero hay personas excepcionales con las que me he topado recientemente, no pensé que hubiera alguien así, o al menos con la misma “mala suerte” y pues resulta que sí y eso también me tiene contenta.

Me siento como en esos días en que vas caminando por la calle con la reproducción de la canción que te gusta y puedes bailarla sin vergüenza.

-¿Por qué, Dani?-me preguntas sentada en el sofá resolviendo un crucigrama mientras ves (o haces la finta) la televisión.

Porque me siento bien, me siento como en términos meteorológicos se usaría el “confort térmico”, no tengo ni frío ni calor y eso es genial, de verdad, es genial.


Bueno, sólo quería escribirte para, en general, decirte que me siento contenta con lo que tengo hoy en día, aunque siempre me harás falta, abue, en un rinconsito que está vacío te tengo y te recuerdo cada día que despierto.

Te quiero.

Pensamiento triste

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Apenas se estaba desengañando del mundo, cuando de nuevo éste le dio una patada en el “culo”, por eso es que caminaba con la mirada llena de tristeza y recelo en cualquier lugar.

Lo que más le preocupaba de todo ese asunto –sin mencionar, claro, las preocupaciones que son de real importancia- era que el chico aún le atraía a pesar de todo lo que había intentado hacer para quitárselo de la cabeza.

Estaba sentada en una banca aventándole migajas de pan a las palomas, su mirada era vacía y tenía el rostro cansado, se había desvelado de nuevo haciendo tarea, no esperó más, se puso de pie y caminó a la parada del camión para ir directo a la universidad.

¿Qué hacía? Pareciese que él la buscaba para tenerla comiendo de la palma de su mano, pero no era así, él tal vez, muy a pesar de ella, le huía, y podría tener muchos defectos, pero al menos era realista.

-No sé-dijo su amiga después de escucharla quejarse de un gusto no correspondió-, interactúas con más chicos, chicos guapos e inteligentes.

-Pero este tiene un toque especial, no sé.

-¿Guapo, inteligente e inalcanzable? Bueno, quizá lo último no, pero enserio, no puedes estar esperando a alguien que no sabe que lo esperan, hay miles de chicos por ahí esperando que le des besitos.

Ella no insistió en aquella plática, se sentía abatida por el hecho de que le gustaba alguien que aparte de ignorarla creía que era una idiota. ¿Idiota? Qué termino tan cruel, pero prefería frustrarse sola con sus pensamientos a que alguien más la frustrara.

-Mira…-volvió a decir su amiga comiendo una rebanada de jamón-, quizá se den las cosas después, sean felices y cosas de esas.

-No creo-negó con la cabeza, ahora sí quería dar por terminado el tema-, es la verdad: no lo creo. Y puedo vivir sin remordimientos, pero cuando se mete a mi cabeza es imposible no analizar cada uno de sus movimientos.

Su amiga comenzó a reír y se puso de pie, pues ya estaba entrando el profesor al aula.

-Créeme-le pasó un brazo por el cuello-, algo me dice y asegura que él caerá rendido de amor por ti, pero no es el momento.


Ella sólo puso los ojos en blanco y como siempre, no le creyó.

"Orgullo y prejuicio" (no es crítica literaria)

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Como nadie sabrá (o quizá tú sí, Brenda porque tú supiste) estas vacaciones tuve el privilegio de leer “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen, que por si fuera poco me gustó mucho.
Debo de confesar que no soy nada adepta al típico “vi la película y obvio por eso leí el libro”, NO, si vi primero la película evito por todos los medios posibles encontrarme con el libro, pero en el caso de este libro debo confesar que vi su adaptación a película primero.

Para empezar, la primera vez que vi la adaptación, con todo y mi sinceridad incluida, admito que sólo presté atención a los detalles más nimios como que Bingley se le arrodilla a Jane o que los protagonistas sí quedan juntos; el libro llegó a mis manos el pasado 23 de abril (día del libro, amiguitos) cuando mi valentía y yo subimos a leer el capítulo 43 y después de eso simplemente me lo regalaron.

No lo abrí hasta vacaciones por dos cosas: la primera es que tenía otros autores que para mí, al menos, son más importantes –como Dumas, por ejemplo-. Y la segunda es, porque leer esto en la facultad ya no es tan fácil como yo creía *inserte aquí ícono llorando-, de cualquier manera, aclaro que amo estudiar lo que estudio, punto.

En fin, lo abrí y lo leí en dos semanas, fue algo que me pareció agradable porque me sentí cómoda, digo, no es una trama desesperante donde te frustras, es algo tranquilo y sobre todo romántico.

Después de que terminé el libro convencí a mi mamá de comprar la película, porque obviamente ahora sí iba a prestar atención a todo y como mi mamá me hace caso en la mayoría de mis situaciones “peligrosas” un domingo volví a ver la película y ahora sí, yendo al grano tengo algunas opiniones al respecto de esta historia:
1.   Como creo que todas las que hemos leído “Orgullo y prejuicio”, me sentí identificada con Elizabeth. Digo, casi todas nos creemos independientes y con la valentía de decirle a un chico romántico –y nada feo- que no nos casaríamos con él por engreído, ¿no? Aunque por otra parte, también me sentí identificada con ella por el simple hecho de esa autonomía y gusto por la lectura, alguien a quien le gusta caminar sin importar que llegue con el dobladillo lleno de lodo.
Restándole importancia a eso, también me sentí como María, la hermana intermedia, muy inteligente si me lo preguntan, aunque amargada (ahí entra mi identificación).

2.    El encanto de Bingley, no sé, pero me provoca mucha risa y ternura el hecho de sus mal interpretadas palabras y de su poca autonomía mental, aunque la verdad, la primera vez que vi la película (la vez que, reitero, no presté mucha atención) me enamoré del hombre, porque sí, porque es hermoso, porque es dulce, encantador, y no es amargado; viéndolo por otro lado, no me agradaría casarme con un Sr. Bingley, “¿por qué, Dani, si es rico y guapo?”. PORQUE NO, ¿a quién le agrada un hombre que se deje llevar por la opinión de un amigo y no de él propio? Al menos a mí no.

3.    Darcy, no sé… a mí no me parece engreído en ningún momento, siendo sinceros, creo que todos los hombres son así “ay, Dani, ya vas a criticar a los hombres”, no me refiero a eso, créanme, me refiero al hecho de que a un chico –palabra apropiada donde yo usaría bato/morro- no le vas a gustar de la nada… a menos que tengas senos y nalgas u ojos claros o cara bonita, simplemente no, quizá seas muy fea para él o como el Sr. Darcy diría “tolerable” (me acabo de dar una lección yo sola). Ahí es donde yo me siento más identificada con Elizabeth, por el hecho de que aunque a ella aún no le llamaba la atención ¡oye! Me ha pasado infinidad de veces con los hombres que llaman mi atención y por mala suerte yo a ellos no les llamo. PUNTO; pero haciendo de lado eso, Darcy es la persona más sensata y detallista, aparte con cerebro, ¿qué si es orgulloso? En esta época todos lo somos.

4.    Por último, la trama de amor entre Lizzie y Darcy; a mí me encantó, es algo no muy fantasioso, te hace ver que a veces con quien menos esperas terminas, a pesar de todo lo que puedas pensar de esa persona.


Al final de todo esto, debo decir que me gustó mucho el libro y prestando más atención a la película todo fue yendo mejor. Así que pues, ahí está. 

La herencia de la nieta

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Era un día de la semana ya no específico para mi cabeza, estábamos en su cuarto, ese que quedaba al fondo, blanco y con música instrumental de fondo; acababa de lavar ropa y por muy extraño que parezca le ayudaba a doblarla.

-Qué bonita ropa tienes, abue, dámela toda.

Ella comenzó a reírse pues pensaba que no hablaba enserio y me pasó un blusa blanca con lunares negros.

-A nadie le gusta la ropa de una viejita-dijo mirándome.

-¿Ah? Yo no dije que tu ropa sea de viejita, es simplemente muy bonita. ¿Me la darás? Toda.

Sonreí, ella también contestando con algo que no esperaba.

-Ya que me muera.

Prefería mil veces quedarme con harapos a tener su ropa a cambio de su muerte, eso era obvio, así que lo dejé por concluido y dejé que me contara sus experiencias de joven.

***

Estaba sentada en su sala, leyendo uno de mis libros nuevos, mientras ella hacía de comer, era muy fácil leer en su presencia, pues nunca, de los nuncas me interrumpía.

Minutos después llegó una camioneta plateada que traía dentro a una de mis tías, o sea, su hermana Bibi. Bajó, miró las plantas y caminó a la puerta.

-¿Quién es?-preguntó mi abue desde el cuarto.

-Es mi tía Bibi-dije poniéndome de pie para ir a abrir la puerta.

No pasaron dos segundos cuando vi la imagen de mi abue en una mujer un poco más chica que ella, muy alegre.

-¡Hola muchachita!-dijo pasando.

-Hola, tía-le sonreí y la saludé.

-¿Cómo estás? ¿Y la escuela? ¿No tienes clases?

-Salí temprano-dejé que saludara a mi abue.

Después de un monólogo adecuado salió a relucir lo bonito que era el pantalón y la blusa de mi abue.

-Gracias-dijo ella-. ¿Creerás que esta niña la quiere toda? Se me hace muy curiosa, nadie quiere la ropa de su abuela, pero ella sí; ya le dije, que cuando me muera se la voy a dar, como le prometí mis discos a su mamá.

Todos reímos aquella vez.


Ahora escribo esto con uno de sus chalecos blancos, que me ha recordado mucho a ella esta mañana, y sin duda, ni el dinero pudo ser una mejor herencia para mí.

El camión

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Me subí con un libro y un café en la misma mano, pagué el cargo que cobran por transportarte de un lugar a otro, sobreviví al primer arrancón del camión, pero no sabía si resistiría parada, no sé si sea este el único país donde los camiones parecen más un frasco de sardina que un vaivén que te lleva a todos lados, siempre creí que eso sería cómodo, no como en ese momento me presentaba.

El segundo defecto de este maravilloso medio es la gente; pues existe de todo tipo: la que no te hace en el mundo, la que te hace en el mundo y por último la gente boba que sólo te enfada con el hecho de dejar de hacer lo que hace por mirarte.

¿Tenía mal el delineador? Un momento, no me había maquillado gracias a una infección en los ojos que podía más conmigo que yo misma. ¿Se me veían las bragas? ¡NO! La blusa que traía era tan larga que no se llegaba a ver el comienzo de los pantalones, ¿entonces? ¿Qué en mí ha llamado la atención de, por ejemplo, esa mujer que se estaba poniendo –inapropiadamente si puedo agregar- el rímel? No tengo ni una puta idea.

Gracias a todos los seres en los que ustedes pueden creer o no, (o quizá sólo crean en la gran inteligencia de Isaac Newton), no tardó mucho tiempo en desocuparse un lugar y en tomarlo yo. Sentarse era quitarse el pedo de las miradas y sobre todo el del café y mi libro en una sola mano, de ahí todo fue mejorando: comencé las primeras páginas de un libro que ya tenía tiempo queriendo leer y gracias a que en mi escuela se ha presentado algo así como un “mercado de libros” me fue tan fácil conseguirlo, le daba un traguito a mi café y veía el cielo demasiado oscuro y tembloroso, porque sí, para cerrar con broche de oro mi estancia en el camión, estaba lloviendo.


Cuando el camionsito se acercaba al final de su ruta comprobé que afuera había ese tipo “chipi-chipi” castroso, así que saqué mi impermeable, guardé mi libro y salí a la calle, para encontrarme con la segunda aventura del día: el metro. Pero esa, esa ya es otra historia.

Me gustan tus ojos verdes

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Tenía la carita cubierta de agua, de la lluvia intensa que salía por todos lados. Corrimos. Reímos. Nos miramos, como si el catarro no importara ó como si de verdad me amara. 

Su sonrisa me tenía tremendamente loco, no le importó llevarme hasta el rincón menos conocido del mundo y besarme. 

-¿Por qué?-pregunté emocionado.
-Porque me gustan tus ojos verdes-contestó mirándome. 
-Pero cuando se besa uno suele cerrar los ojos.
-¿No puedo tener un pretexto estúpido para besarte?

Me reí.

Era una niña pequeña que quería descubrir el mundo, su mundo, caminando y viendo, sin importarle la gente de su al rededor, ¿por qué me incluía en ella?

Después de todo eso, en la escuela me miraba en cada receso, sonreía y seguía su camino, a donde fuera con quien fuera, ella sólo buscaba juzgarlos y si creía que era capaz de soportar su compañía, se quedaba. Yo le era tolerable y eso me satisfacía. Cómo negar algo que pude sentir desde que la conocí y que sólo terminó por detonar cuando me besó.

Book tag: Amor literario

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Hoy, vagando por ahí, me encontré un video con este book tag que me pareció bonito y romanticón. JÁ. Aparte, como lo verán no he escrito nada, NADA. Bueno, quizá sí, pero no termina por convencerme y lo elimino, "bloqueo de escritor", supongo. Así que o necesito un chico que me guste de verdad o una de esas experiencias locas, ya saben. De todos modos en cuanto una historia me parezca suficiente la escribiré y publicaré, mientras, empecemos con ésto:

Este tag lo saqué de youtube, consiste en varias preguntas de enamoramiento pero como el título lo dice es acerca de libros. Hecho por Cristel (perdónenme si no escribí bien el nombre) administradora del éste blog y aquí les dejo el vídeo del tag originalito.

Ahora por segunda vez, empecemos:

¿Cuál fue tu primer amor literario? 
Me van a mentar la madre, pero puedo excusarme con que el primer amor siempre es nefasto o vergonzoso, aquí, pues bueno "Twilight" de Meyer fue mi primer amor o trauma, como lo deseen ver.

¿Un libro del que te enamoraste a primera vista? 
Bueno, repasando los libros que tengo me viene a la mente "Los tres mosqueteros" de Alexandre Dumas, padre, ¡es hermoso! Su portada es dura, roja y tiene una imagen de cuatro caballeros representando a los 4 hombresitos de la historia. Lo vi y no lo pensé mucho para llevármelo.

¿Un libro que empezaste con cariño, como el que sientes por un amigo, y acabaste amando?
Yo creo que sería "Como agua para chocolate" de Laura Esquivel. Empecé por leerlo como "méh" y terminé llorando en el sofá tomando el libro en mi pecho y dejando que mis lágrimas pesadas calleran. (Es neta).

¿Un libro por el que sientes pasión pero no amor?
-¿De verdad?-. "Querido escorpión" de Benito Taibo, en sí la trama es muy buena, quedé escandalizada pero ahora sí, sólo me atrajo, no me enamoró.

¿Un libro del que te has sentido engañada? 
¡Esa respuesta es muy obvia! "Los pecados de la familia Montejo" de Pedro J. Fernández, es que vas leyendo y todo te hace creer que las cosas ya van a salir bien cuando ¡BAM!, resulta que empeoran.

¿Un libro con el que acabaste rompiendo definitivamente?
"Ghostgirl" de Tonya Hurley, simplemente NO. NADA. NUNCA DE NUEVO.

¿Un libro que empezaste odiando y acabaste amando?
"Cumbres borrascosas" de Emily Brontë, empecé con toda la flojera del mundo y al final no quería terminarlo.

¿Un libro que es y siempre será el amor de tu vida? 
"El conde de Montecristo" de Alejandro Dumas, padre, me tuvo, me tiene y me tendrá en sus brazos por el resto de mi vida.

¿Un libro con el que acabaste teniendo hijos?
"Los pilares de la tierra" de Ken Follet. Es obvio por qué.

¿Un libro con el que te ves envejeciendo?
"El conde de montecristo" de nuevo, PORQUE SÍ.


Y listo.

Le tomo fotos a artesanías en "El Refugio"

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¡Hola otra vez! Estarán sorprendidos por lo activa que he estado en mi blog (créanme que yo también), pero aprovecho ya las últimas semanas de vacaciones porque no sé por qué presiento que este semestre estará algo engorroso, les pongo algunas de las ideas que traigo como historias y "Cartas a mi abue" y como todo buen bloggero agradezco a los muchos-pocos que han llegado a leer este pedacito de mí -pinche cursi, la chanta-. Ahora sí, vamos al grano.

Hoy estábamos en el museo del premio nacional de la cerámica "Pantaleón Panduro" acá por mi casa tomando foto de las artesanías que estaban ahí, les diré que yo no soy de las que quieren tomarle foto a todo, bueno, se sorprenderían la cantidad de cosas a las que les tomo fotos, por ejemplo, mis pantunflas, pero el caso es que si no quiero tomar la foto no la tomo así esté frente de mí alguien importante.

Retornando al tema, después de buscar entre las artesanías que a mí me llamara la atención, encontré este arbolito. A continuación el título, autor y fotos de la obra: 


"Árbol alegre de nacimiento"
Oscar Ortega López
1999









Y a Dani le gusta

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Como verán yo no soy dada a hablar mucho de mí -sarcasmo-; no, mentira, sí me gusta hablar de mí, lo he hecho toda mi vida (lo han de notar, un poco), pero desde chiquita siempre fue bien suelta mi lengua. Mucha gente a través del tiempo cree que es egocentrismo, pero ATENCIÓN, hablar de mí creo que es la última cosa que hago por ego, simplemente no puedo vivir si no suelto lo que hago.

Dando visto el primer punto, seguiré conque hoy después del curso de verano al que me inscribí, corrí con Brenda al mercado de mi no muy pequeño municipio para comprar fresas, porque ayer ella misma compró unas para no-sé-qué que una doctora le recetó. Total, las compré y estando en mi casa hice lo que ni mi mamá cree posible: las lavé, las desinfecté y hasta les quité la "colita" -lloverá el día de hoy-, después me hice un agua con unas 5  fresas y las demás, de bocado a bocado se acabaron.

Así que en las cosas que me cautivan están:
Las fresas.
El azul.
Comer.
La comida italiana.
Los libros.
Como más específico, el libro de "El conde de Montecristo" da en mi punto exacto de lectura.
Hablar con las plantas.
Mafalda.
Hablar, desde que tengo memoria la gente batalla para callarme. DE VERDAD.
Los jugos de manzana.
Los albúms de fotografía cuando era una bebé. Puedo verlos todo el día.
Leer cartas que he hecho.
A los clavadistas en los juegos olímpicos.
Los hombres peludos, ellos son hermosos.
Escuchar "The final riot!" de Paramore, después de 3 años que me lo regalaron.
Hablar sola (como si no fuera suficiente el hablar cuando hay gente).
Escribir, aunque no me considero buena en ello.
Las anclas, la verdad es que no soy "Hipster" es que me gustan porque Edmundo Dantés era marinero y pues, me recuerdan al gran amor de mi vida que no existe.
Los barcos.
La ropa interior de encaje.
Las canicas.
Los mapas.
Brincar en los charcos.
La cebolla.
Comprar calcetines y mochilas.
Saber contestar algo.
Tomar el metro (y todos: Ew, Dani, ¿no eras algo intolerante a las masas? Dani: Sí, pero ¡qué manera tan rápida de viajar!).
Meter los pies en el mar (sólo los pies).
Usar vestidos.
Mi primo Leonardo, no sentía la necesidad de querer tanto a un bebé hasta que nació este pequeñín.
Que el viento mueva mi cabello.
Salir bien en las fotos.
Estudiar.
Mi pijama de vacas.
Los converse, en especial los rojos que tengo.
Los aretes colgantes.
Las tortugas, orcas y osos polares.
La Antártida y el ártico.
Italia.
Saber pedir la hora en alemán.
Llorar en una película de amor, NO ME IMPORTA LOS COMENTARIOS NEGATIVOS QUE TENGAN ANTE ESTO.
El mariachi.
Los girasoles (odio las rosas, las odio de verdad).
Los bolis de vainilla y chicle. (Ushúushúushú).
Las matemáticas (no me refiero a ti, método de Gauss-Jordan, ni mucho menos a ustedes, integrales).

Y son suficientes por el momento, hay algunas que me reservo de poner por cuestiones de reintegridad mental, o sólo para que no supongan lo que ya es obvio.

De Carlota para Pedro

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No quisiera empezar con un "hola", realmente no siento que esto vaya dirigido como un mensaje de amigos. Nunca lo fuimos, o tal vez sí, pero no puedo contemplarte como uno ahora, después de haber vivido tantas cosas juntos.

Te preguntas el porqué después de tantas cosas ocurridas los últimos meses, estoy enviándote esto. ¿Después del rechazo? ¿De la búsqueda? La verdad es que te extraño. Extraño la soledad que me provocabas, la infelicidad que sentía, el vacío... Todo eso... ¿fue, lo nuestro felicidad, al fin y al cabo? Por un tiempo ya lo creo que sí. Después fui un capricho ¿verdad? Pero te amé con todas mis fuerzas, con toditas las que tenía, y ahora me siento tan vacía.

Tu recuerdo me quita el hambre, me quita las ganas de sonreír o de buscar más cosas u objetos, es un sueño el que me provocas del que estoy segura, algún día no despertaré.

Todo ésto no es muy nítido, Pedro, ¿por qué te acercas a los recuerdos de las cosas vividas que más quise de ti? Tu temerosidad a cosas estúpidas, tus ojos, tu barba, ¡tu voz! ¿Qué hice mal para que este letargo de dulce agonía terminara en lo peor? En no saber nada de ti, ni que tú, al final, no te preocupáras más por mí. ¿No nos quisimos? ¿No planeamos algo una que otra vez? ¿Qué pasó? No sé qué hice mal, pero sé, todo en lo que tú fallaste. 

Hace ya un tiempo fui a donde tú estabas, no exactamente, pero al menos era el mismo estado... cada hombre al que veía, cada rostro, cada paso... sólo deseaba encontrarte, que me vieras, con odio, no importaba; que me miraras y poder decirte "Hey, lo logré". Y tú simplemente sonrieras... pero no sucedió, regresé a mi casa quizá con tu ausencia más presente...

Si ahora te escribo esto no es poque esté arrepentida de todo lo que dije o hice, eso fue lo correcto, por más que me duela admitirlo, y no estaré arrepentida de eso. Fue lo mejor para mí, ya no dependo del pensar en que tu angustia y tristeza son las mías también. 

Como dice una canción a la cual soy adepta desde hace unos días:
"Tú eras joven y yo estaba triste, sólo quería estar a tu lado, todo el día, toda la noche".

Adiós. 
Carlota.

Cartas a mi abue; VI. (Miércoles)

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Hola otra vez:

Casi puedo resentir la mirada alterada que tienes al ver que te escribo tan rápido. Sí, lo sé… pero es que ayer tuve un día muy, muy reconfortante y no hay nadie que me escuche tan bien como tú.

Pues verás, me desperté en la mañana muy aburrida, como lo hago siempre que estoy de vacaciones… prendí el móvil para ver las funciones de una película que desde el domingo una amiga (la cual no conociste y se llama Iris) me recomendó y vi que estaba subtitulada y doblada. Como recordarás ME ATOSIGAN las películas con doblajes –a menos que sean de caricatura, claro-. Así que como la primera función con subtítulos estaba hasta las 4 y pico pues reservé y seguí acostada. Para eso de las dos, me metí a bañar, me vestí, me maquillé y salí de la casa.

La verdad es que iba a ir el martes a ver la película, pero no sé, fue ese tipo de días en los que ni respirar es algo fácil. Pero en cambio el miércoles amanecí muy positiva.
Lo que me gusta de ir sola a cualquier parte, es que puedes hacer las cosas al tiempo que quieras. Por ejemplo, ir por mi boleto reservado faltando más de una hora para la función. Cuando la muchacha me lo estaba entregando me preguntó escandalizada:

-¿Sólo uno?-sus ojos eran dos platos.

-Sí-sonreí y lo tomé.

¿Por qué la gente le tiene miedo a la soledad? No sé, pero qué mal por ellos. Después de comprar mi boleto, fui por una ensalada…

Te imaginarás a qué plaza fui; pues claro, a la que tenemos a menos de 15 minutos de nuestra casa “¿por qué? Si ni te gusta” me dices. Eso es verdad, pero tener un cine cerca me ha beneficiado de una manera importante.

Cuando la ordené vi a un muchacho guapo (guapo, de verdad, como me gustan), eso pone un muro entre la Dani “culta y algo intelectual” dejando al mando a la Dani “no puedo pronunciar ni una palabra sin tartamudear”.

-¿Daniela?-gritó el bato.

-Yo-levanté la mano como pendeja.

-Buenas tardes-oh Dios, dijo buenas tardes-. Me puedes decir 3 ingredientes.

-Pasta, pepino y zanahoria-cabe decirte que todo esto lo recité con la mirada gacha y más rápido que Usain Bolt en las olimpiadas.

-¿Proteína?

-Esa de hiervitas.

Me la dio y fui a comer a una mesita con un libro en la mano, sólo capté algunas miradas de “ésa por qué come sola y con un libro en la mano. Viene a una plaza no a un parque”. Pero bueno, sólo fueron algunas, los demás eran miradas de quién ve pasar los carros. Al terminar de comer, fui al cine para mi función. Y pues… me encantó la película, hablaba de zombis, abue, a veces me gustaría ser un zombi, sé que no tienen cerebro, pero imagina matar a toda esa gente. *Inserte aquí monito con ojos brillosos*.

Antes de que terminara la función, se escuchó que empezó a llover fuerte por lo que yo pensé “mierda” pero esperanzada esperé a que se bajara, de menos. Se acabó. Tantan. Caminé a la entrada de la plaza y pues sí, estaba lloviendo y a lo que la cara de las personas me dejaba ver, estaba muy fuerte. Pues… temí por mi libro, pero se salvó por una bolsa de plástico*, saqué mi suéter y cuando toda la gente pensaba que no iba a hacer nada más… ¡DE MI BOLSA SALIÓ UN IMPERMIABLE! Y me lo puse y salí de ahí caminando. Se supone que iba a tomar el camión, pero por no cruzar y mojarme los pies me fui caminando (que al último lo único que me moje fueron los pies, úgh).

*Gracias a que una semana antes lo vi con otras amigas que tampoco conociste, vi que metía su libro en una bolsa de plástico. Así que para estas semanas de lluvia aunque no llueva yo meto una bolsa de plástico.


Y así pasó mi día, muy bueno si me lo preguntas, espero te entretengan donde quiera que estés. Te quiero.

Cartas a mi abue; V

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¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaa! *suena el eco ya que grita desde lo alto de un cerro*. ¿Cómo estás, abue? Supongo que bien, según mis maestras de la doctrina, en el cielo no se sufre y cosas de esas, hace años que no voy a eso, así que no lo recuerdo, pero sé de cualquier manera que estás bien.

¿Cómo estoy yo? Pues, al parecer alegre. He terminado mi semestre y… méh, no me fue tan mal. Aunque estoy cabizbaja por un 87 que se escurre en mi… eh, no sé cómo llamarlo. Quizá promedio, pero bueno… así es la vida o mi bajo rendimiento alguno de los dos.

Ayer fui a una librería a parte de ver a hombres MUY guapos, también compré dos libros que estaban baratísimos, te he de confesar que mi mamá no sabe nada de esto, porque posiblemente le dará un ataque o pensará que estoy loca… tal vez no esté tan alejada.

Tengo planes para vacaciones, sí, aunque ninguno de esos planes tiene que ver con trabajo; me preocupa demasiado el no ganar dinero independientemente, pero, no haré nada en lo que no me sienta cómoda. Así que pues… el chiste es plantearlo a mi mamá y después buscar por lo bajo trabajo en librerías o algo acorde a mi carrera (ojalá, ojalá).

Sí, he leído, no tanto como quisiera porque este último semestre me tragó… como un remolino en medio de Texas, estaba en el hoyo, estudiando. Pero ahora en vacaciones me descargaré… aunque ya estoy pagando por adelantado, presiento que las migrañas no tardan en llegar y eso es espantoso.

Creo que mi vocabulario ha aumentado… ¡UIUIUIUI! De anciana hablaré tan perfecto que asustaré a niños de 6 años (mi sueño para toda la vida), pero regresando al tema, sí, descubrí que me gusta mucho la palabra “Vástago” y “misantropía” hasta me gusta el significado de esta última.

¿Novio? ¡JA! Me viste nacer y te vi morir y en ningún momento tuve un novio “adecuado” dirías tú, pero no, no tengo novio y quizá esa posibilidad tarde unos meses… o años. Pero no tengo prisa –y a veces ni ganas- es algo que no mola y da mucha flojera, eso al menos pienso ahorita. Tengo la mente invadida de moralidad de niña de 6 años, ya sabes…

No me cansaré de escribirte y mucho menos decirte que todavía te extraño mucho, extraño también el hecho de leer y contarte lo que pasaba en el libro. Digo, no creas, ninguna persona es apta para tu trabajo… lo he intentado, pero no sale mucho, ahora mejor no lo cuento y tantan. Pero sobre todo, ya nadie hace sopita de fideo como la tuya, nos ibas a matar de un ataque al corazón de tanto caldo de pollo, pero la sopa era magnífica. Te quiero y ojalá pudiera abrazarte el día de hoy, que tanta falta nos haces.

El libro verde

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Estaba masticando un chicle con mi sabor favorito: vainilla con relleno de menta, colgaba mis pies en la banca de cemento, hacía eso muy poco en las banquitas porque mis piernas eran largas y alcanzaban a tocar el suelo sin ningún problema, así que cuando ocurría eso de no poder alcanzarlo, las mecía como si no hubiera un mañana.

En la mano derecha llevaba un libro con 1ra edición en 1970, antiquísimo y amarillento, tenía una pasta color verde. Era afortunada de haberlo encontrado, ahora sólo llevaba un moño, dando entender que era un regalo.

En la izquierda sólo mi boleto del tren y dos chicles más.

-¡Hola!-llegó por detrás con una grande sonrisa. Llevaba botas de lluvia, negras completamente y un paraguas que escondió en su mochila.

-¡Hola!-le dije y me puse de pie; me entristeció el hecho de no seguir colgando mis pies ahí.

Miro con recelo mis botas (de lluvia también, pero estas tenían flores) y mi paraguas de plástico con formas geométricas color amarillo, rojo y azul rey.

-¿Qué hacías ahí?-apuntó la banca de cemento.

-Veía- ¿qué veía?-, supongo que el paisaje urbano.

-Eres algo excéntrica-tomó mi mano y comenzó a caminar, no sé si eso era un cumplido o un insulto, de igual manera lo ignoré.

Pasamos por una avenida de no-sé-qué-nombre y nos detuvimos en un parque. Le di el libro, el cual agradeció porque “llevaba meses buscándolo”, dijo con la cara bañada en alegría.

Caminamos más, empezó a llover y abrimos los dos el paraguas (el de plástico y el que él traía finamente doblado –de bolsillo, pues-). Brincamos charcos y concluimos con un café (él) y un chocolate caliente con bombones (yo) en la misma banca de cemento donde podía columpiar mis pies, viendo “suponíamos” el paisaje urbano.

“Creo, quizá…”, decía una voz en mi cabeza mientras soñaba.

“¿Qué?”, me escuchaba contestar.


“Cómo le das ese colorcito que le hace falta”, y después, no sé a qué hora quedé tan dormida que ni soñar funcionó.

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