Coraline de Neil Gaiman y la importancia de imaginar

Leave a Comment
Recuerdo que cuando salió la película stop-motion de Coraline tuve muchas ganas de verla por la fama que esta técnica ya tenía (recordemos que Tim Burton ya había catapultado dos éxitos bajo la misma), sin embargo, por alguna u otra razón que no recuerdo no pude verla. Fue hasta hace unos tres años, cuando acurrucada en la cama matrimonial de mi mamá, la vi on-line un sábado por la noche. Cometí dos errores garrafales: verla de noche y pensar que las stop-motion son únicamente para niños.

Terminé aterrada, sí, aterrada y a pesar de no haber dormido muy bien, me gustó mucho la sensación de pensar que eso era algo creado para niños. Más tarde supe que existía un libro y hasta hace un año pude conseguirlo. Hoy, diez minutos de haberlo terminado escribo esto porque me pareció un texto maravilloso y a continuación explico mis motivos:

De los adultos (si ya me puedo considerar uno) que leemos textos infantiles

Leí "El Principito" a mis casi 18 años, sin meterme en la ola de modernitos que dicen que está supervalorado o de aquellos que maman con que a todo le ven forma de sombrero cubriendo un elefante, puedo decir que me gustó. ¿Por qué? Por el hecho de que, desde mi perspectiva de persona amargada, el libro te trae una interpretación capaz de moverte muchas cosas dentro a pesar de que se dice que es "para niños". 

Lo que Coraline trae consigo es mucho mejor, porque no te pinta todo color de rosa (desde el principio vemos cómo el autor deja una frase de G. K. Chesterton donde nos dice que no todo va a saler chido), al contrario, propone una situación tortuosa que por más que se quiera evitar, sólo se soluciona enfrentándola y aunque los niños se enfrentan con eso día con día, se demuestra que son los mejores para hacerle frente a sus miedos. ¿Qué hacen los mayores? Evitan todo, mienten y postergan las situaciones hasta el último momento. ¿Quién necesita más una moraleja, los peques o los mayores?

La película como recurso del libro no como sustitución

Terminando de leer el texto me doy cuenta de lo buena que fue su película, debido a que se tomó como una fuente para dar explicación o mayor realce a algunas cosas que quedan difusas en el libro. Me remonto a algunas escenas.

1. Su amigo no existe: corta experiencias, sabemos poco entonces de los niños muertos y sólo tienen un papel secundario y algo confuso.
2. Los ojos-botones, aunque parecen ser importantes, dentro del libro se menciona dos veces y pierde relevancia lo que significaría que se los quitaran a la niña.
3. Prolongación de la convivencia con La Otra Madre; en el libro, el encuentro de Coraline con ella sucede en un capítulo, en la película se desarrolla entre este juego en que ella compara los dos mundos varias veces antes de saber la verdad, ello incrementa el miedo por el hecho de saber que casi acepta quedarse en la nada. 
4. La araña. No existe en el libro y me parece un plus maravilloso en la película.

Las frases

Pondré algunas frases que me gustaron por el significado que encontré para ellas desde mi experiencia de vida

"-¿Y por qué es necesario tener valor?-le preguntó el gato con tono de indiferencia.
-Porque cuando haces algo a pesar del miedo que sientes-respondió ella-, necesitas mucho valor." p. 62.

"Coraline suspiró.
¿Realmente no entiendes, ¿verdad?-repuso-. No quiero tener todo lo que deseo. Nadie lo quiere, no de verdad. ¿Dónde estaría la gracia si tuviese todo lo que quiero? Es eso y nada más, ¿después qué?" p. 118.

"Esas heridas eran igual de horribles que las que se hizo en el verano en que su madre retiró las ruedas auxiliares de la bicicleta. Pero aquel verano, a pesar de los cortes y los rasguños (tenía las rodillas llenas de costras), había disfrutado de una sensación de progreso: estaba aprendiendo algo, a hacer una cosa que no sabía. Y en ese momento, en cambio, no sentía más que la frialdad de la pérdida"p. 120.

He conocido personas cuadradas y tristes en lo que llevo de vida que me han hecho asegurarme que no me quiero convertir en una de ellas: vacías, demasiado narcisistas y corrigiendo y criticando todo lo que haces o lo que estudias. Es terrible ver a una persona llena de eso y justamente llegó Coraline a mi vida para demostrarme que existe la magia de poder creer, crear, explorar y ser valiente ante las adversidades que se presentan, que si bien no son una cosa disfrazada de mi otra mamá en busca de coserme botones en el lugar donde van mis ojos y comerse mi vida, sí son algo muy parecido.

La nota roja y la importancia de la lectura ligera

Leave a Comment
La motivación es un recurso muy importante para aquellos que crean y, en general, para todo lo que hacemos en  nuestra vida. Sin ella, no tenemos para o por qué continuar y como parte de nuestra naturaleza humana es imposible que a veces la perdamos, pero sin duda, nada nos cuesta intentar recordarnos cada cierto tiempo qué es lo que nos motiva a estar haciendo lo que hacemos, para no desanimarnos y pensar en retrospectiva que ha merecido la pena lo hecho.

Doy este speech motivacional (valga la redundancia) debido a que estoy dentro de un proyecto importante en el cual debo escribir algunas cosas. Toda la vida me ha sido difícil intentar ordenar lo que pienso con lo que escribo sin que parezca algo extraño, y créanme, he tenido muchos problemas por ello. O yo no me explico o son demasiado idiotas para no entenderlo. No importa, es difícil de todas maneras. He estado leyendo algunos libros que tienen que ver con geografía e incluso mi lectura de descanso se basó en geografía, no me malinterpreten, me gusta hacerlo, pero me hostigó tanto lenguaje científico. Sé que los intelectuales me dirán que un intelectual no se cansa de leer y que por eso apesto y está bien.

Lo que pasa es que a veces leyendo ideas de alguien más es imposible generar las tuyas inmediatamente y lo que yo necesito es generar las mías para ayer, por ello un día cuando estaba en el love sit de mi casa, intentando entender la evolución de los humanos como especie, me colmé de desesperación, cerré el libro, fui al librero y tomé uno nuevo y es del que les hablaré a continuación: La Nota Roja de Antonio Guadarrama Collado. 

Este libro de poco más de 300 páginas es considerado como una novela de ficción o misterio y me atrevería a decir que llega a rozar el tipo policiaco, esta relata historias de diferentes personas que han tenido que lidiar con situaciones determinadas como delitos con repercusiones tanto legales como morales pero al mismo tiempo se entrelazan cada una de ellas debido a eso: la temática del crimen. 

Me hice del libro hace un año, cuando salí con una amiga, estaba muy concentrada en mi tema de investigación y para mí todo lo que tuviera que ver con delito me llamaba la atención, por ello la sinopsis me gustó y decidí comprarlo. Es hasta ahora que lo abro y debo decir que me llevé una grata sorpresa, pero también un gran alivio.

Es una lectura con muchas facilidades, es decir, ligera (que no tiene demasiados dobles sentidos, ni ambigüedades, ni peca de usar palabras difíciles), la letra es bastante grande y no es grueso. Lo cual me hizo regresar a mi adolescencia donde leer un libro me tomaba, máximo, cuatro días (eran lecturas ligeras, no que yo fuera una genio). Y quizá algunos cultos en literatura se escandalicen, pero me hizo llegar a pensar lo importante que son estas lecturas para darnos un descanso de lo apabullante que puede ser llenarnos de golpe de tanta información. Nos hacemos un nudo en la cabeza que se tensa y debemos revertir. Las lecturas ligeras son eso: nuestra salvación para poder crear ideas y debemos aceptarlas, quererlas y disfrutarlas, por más sencillas que sean y por más mamadores incansables "leo sólo lo complejo" que sean ustedes. 

Por otra parte, el libro muestra algo que había leído con anterioridad: los sótanos. Héctor Aguilar Camín ya lo había planteado antes en "La Guerra de Galio" que cito a continuación:

"Hemos construido cuartos privados para los amantes, lugares secretos para morir,y hemos echado un velo institucional sobre el origen de nuestra paz, que no es otro que la violencia ejercida contra los que la ponen en peligro: los locos, los criminales, los disidentes. ¿Dónde se administran esas segregaciones? En los sótanos" (p. 92).

Los relatos tienen que ver con ello, personas que cometen crímenes que un medio de comunicación enfrasca como "atípicas" de nuestra sociedad. Pero que, debido a la narración misma, sabemos que son situaciones que se dan por factores que, aveces (OJO) son externas a nuestras capacidades. Y que están presentes y que podemos ser partícipes cuando menos nos demos cuenta. El autor hace que nos demos cuenta de que el crimen y las injusticias existen y que es, por antonomasia, parte de nuestras relaciones sociales.

No quiere decir que debemos aceptarlas o tomarlas como buenas, al contrario, creo que quiere describir lo complicado que es abordar estos temas, de la manera más sencilla: una narración en primera persona que te haga ver lo que ocurre en el mismo espacio que tú, quizá de manera explicita y que todos se encargan de ocultar o etiquetar como que "aquí no pasa" o que incluso no es necesario. Y algo que tiene relación con lo anterior es lo que el autor describe en la siguiente cita:

"¿Qué harían nosotros? (en el texto se refiere a los señores que recolectan la basura) Todo esto sería un cochinero. Nosotros somos como las hormiguitas que se dehilachan todo lo que encuentran en su paso y lo utilizan productivamente. Imagínese, usted que un día las hormigas, las cucarachas, las ratas, los gatos y los perros se pusieran en huelga. ¿Qué pasaría? Las coladeras de la ciudad se taparían. Todas estas plagas, como la gente las llama, hacen una labor muy importante y necesaria: limpiar la ciudad" (Guadarrama, 2011: 179).

Y es la cuestión que quiero tratar y que me hizo pensar el libro: hay cosas que van a pasar, aunque sean malas y hay situaciones malas que son necesarias. Los sótanos son reales y aunque se encuentran cosas desagradables que nos superan en nuestra aceptación como colectivo, son parte de nuestra vida como sociedad y una pieza que ayuda a su movimiento. 



"Moby Dick" de Herman Melville

Leave a Comment
Debería estar terminando unos documentos que considero más importantes que lo que estoy escribiendo, pero no me gustaría dejar pasar la ocasión para plasmar algo que me rondó en la cabeza desde que comencé con el texto, que fue ya hace prácticamente tres meses. No me gustaría definirlo como crítica, porque nada es crítica (o sí) si viene desde nuestras perspectivas subjetivas; lo dejaré como el planteamiento de ideas que surgieron después de (por fin) terminar de leer el libro.

Me interesó leer Moby Dick de Herman Melville por la simple razón de que es un clásico y en comparación con muchas otras personas a las que ya las tienen hasta la madre los clásicos, a mí me encantan; otra razón no principal, es que me gustan mucho las ballenas (aunque no el chacalote específicamente) así que, el hecho de que la historia rondara entorno a una, hacía más excitante la lectura. El texto llegó a mis manos hace dos años en FIL 2015, previamente la había buscado en el clúster de librerías del centro de Guadalajara sin éxito (ojo aquí: quería una edición antigua en pasta dura), un poco asqueada y molesta por la necesidad de buscarlo, dentro de una editorial en expo Guadalajara me topé con la edición que ahora tengo, es necesario decir que no es de pasta dura, pero la portada y su color me gustaron (además de que era barato, perdón).

Es por ello que lo compré y lo dejé en mi casa hasta el mes de Julio de este año. Una de las problemáticas con las que me enfrenté para poder digerirlo mejor, fue que había visto una película de la temática antes de leer el texto (‘In the Heart of the Sea’ (2015) por si les interesa). Y como siempre nos pasa, tendemos a idealizar los argumentos  centrales de unos con otros y, obviamente, esperamos ver lo mismo. ¿Qué quiero decir? Que yo esperaba una lucha encarnizada de principio a fin con una ballena blanca enorme y lo que me encontré fue, en realidad, una lucha encarnizada, de principio a fin, con nosotros mismos reflejados en su majestad el océano.

Moby Dick para mí fue un dolor de cabeza, algo denso y difícil y, quizá, en algunos momentos aburrido y con esto no digo y no quiero que asuman, que es un mal libro, al contrario; tardé tres meses en terminarlo debido a deberes, trabajos, salidas y la misma procrastinación, pero una de las cosas que me hacía mucho encabronar eran comentarios como “¿A poco se te está haciendo pesado? A mí para nada”, “Ay, yo lo leí de niña, para nada es pesado”, “¿Todavía no lo acabas? Hmm, yo lo leí a los tres años mientras andaba en monociclo en periférico norte” y antes de comenzar les digo que si son de esos, váyanse a tirar su superioridad de mierda a otro lado que yo los escupo.

Ahora, dirán “bueno, Dani, nos acabas de decir que te aburrió ¿cómo dices que es buen libro”; ¡porque lo es! De principio a fin el libro contiene elementos para su deconstrucción y análisis no sólo como una obra de entretenimiento, sino un descriptor del paisaje social de la época y una obra para nuestra retroalimentación personal. Y ello me marcó mucho, pues mi percepción como geógrafa se vio alterada (y les prometo que influye cabrón que sea geógrafa).

Como primer punto de exposición me gustaría decir que localicé en el libro una época precisa: la obra se publicó en 1851, diez años antes de la Guerra de secesión; los primeros capítulos hablan de Nantucket, un lugar localizado en lo que para entonces era La Unión, es decir, nos da un paisaje social de la vida de los estados del Norte o “yanquis”. Ello para mí representó mucho porque, meses pasados como ya saben, había leído “Lo que el Viento se Llevó” de Mitchell y ella se encarga de describir a la sociedad pero del sur; esto me ayudó a comparar, pero también a conocer las dos caras de la moneda de un territorio que convergió de, por así decirlo, dos sistemas diferentes (fiel a los del Sur si me lo preguntan).

Un segundo análisis está en la localización de Nantucket y cómo la misma hace que una actividad económica de vida a un espacio; y ello me recordó de nuevo a las palabras de Mitchell, ella en Lo que el Viento se Llevó mezcla elementos espaciales para la localización de la primera estación del Tren en el Sur y cómo esto trajo el crecimiento de la ciudad de Atlanta, su prosperidad y el desarrollo en la región. Pues Melville hace lo mismo, pero desde la isla; Ismael (el único narrador de la historia) nos da explicaciones GEOGRÁFICAS de cómo es que ésta de ser la cosita fea, poca cosa, se levantó por la industria ballenera. Se sabe que el esperma era preponderante para las actividades cotidianas de toda una sociedad que no sólo abarcaba a ese pequeño pedazo de tierra rodeado por agua. El mismo personaje expresa que la ciudad que se ha creado y expandido fue construida gracias a todas las personas que ahí se dedican a las actividades balleneras. Esto es asombroso porque expone los elementos que dieron lugar al desarrollo del territorio (y checando en internet vi que la bandera oficial del lugar tiene a un cachalote, eso habla de cómo la sociedad también puede crear imaginarios a través de estas actividades hasta volverlas propias).

El tercer planteamiento es más una pregunta: ¿cuántas muertes nos ha dejado el desarrollo? Háblese de cualquiera, en este caso, se relata la muerte y desaparición de MILES de personas en búsqueda de ballenas para el desarrollo de los territorios. Y esto me cala aún más en la actualidad cuando la corrección política, los progres y anti-progres están de moda; buscamos ahora el bienestar social general, que nadie sufra, la solidaridad y empatía de todos, pero, ¿esto es posible o sólo una idea utópica muy en el trending toping de los asuntos actuales? Lo que yo veo a través del texto es que el desarrollo como ciudades, países o sociedad mundial seguirá costando miles de vidas y esas vidas siempre son (o serán) ignoradas debido a que sin ellas no tendríamos la paz que tanto buscamos. Se pierden, por ser tantas, las historias de los hijos, padres o personas que ayudaron en la construcción de edificios, extracción de esperma de cachalote o construcción de las vías del tren, pero que son fundamentales para tener lo que ahora tenemos.

Por último me gustaría decir que el libro no sólo se queda en relatar un conflicto entre un barco y una ballena, hay un porqué que no termina de ser claro (sigo sin entender el propio comportamiento de la ballena) pero que nos ayuda a nosotros mismos a entendernos como personas. La obra está llena de analogías, donde la primordial se central en el océano como la vida y a nosotros como el barquito que navega en él.

Cierro con una pregunta que me gustaría que se hicieran los que ya han leído la obra: ¿cuántas veces hemos sido el capitán Ahab emprendiendo la obstinada búsqueda de nuestra propia Moby Dick y hemos tenido el mismo resultado?

"El Discípulo de Gutenberg" de Alix Christie

Leave a Comment
Decidí hacer esta entrada muchísimo antes de terminar el libro, así que me di una prisa algo lenta por hacerlo para saber si no cambiaba mi punto de vista sobre el mismo. Antes que todo quiero aclarar que sí, por primera vez estoy consciente, esto es una crítica. Pero no una que me interese debatir con alguien más, es el punto de vista creado desde muy en lo personal así que si leyeron la obra y creen diferente, la intención no es discutir la diferencia.

Me gustaría empezar por cómo es que el ejemplar llegó a mis manos. Leer un libro no sólo se trata de la historia que contiene sino de los sucesos que van pasando mientras lo lees, lo que sientes y cómo es que anclas su recuerdo a determinada época. Era un no, todavía, muy lejano 2015 cuando tuve una cita muy importante con mi hermano mayor. ¿Por qué importante? Porque fácil tenía diez seis años de no verlo en persona. Convivimos, platicamos y, como normalmente me pasa con todas las personas con las que salgo: caminamos. Llegó determinado momento en que uno de los dos propuso ir a la librería –estoy casi segura que fue él- y entonces nos dispusimos a llegar a ella.

Entrar a una librería es todo un camino tortuoso para los que llevamos el estandarte de no-tengo-dinero-pero-me-gusta-leer, sin embargo, sigue siendo asombroso entrar y ver la cantidad de libros que existen. No recuerdo con exactitud qué fue lo que llamó mi atención sobre la obra de la que se trata la entrada, pudo haber sido que estaba posicionado en la estantería de “novedades” o simplemente por la portada, a la cual aún así no presté mucha atención, pero mientras mi acompañante miraba o buscaba algo, lo vi y leí la sinopsis. Para mi no sorpresa me agradó lo que leía, pero no lo compré porque estábamos en vísperas de la FIL y, ¿qué mejor que la segunda Feria más importante del Libro a nivel mundial para encontrar libros? ¡Ninguna! El deseo por gastar en hojas encuadernadas se quedó flotando, sin ser intenso pero tampoco nulo hasta llegar al día tan esperado del comiendo de la feria.

Y es ahí como la FIL comenzó a desilusionarme. Dirán, “¡¿POR QUÉ?!”. Bueno, dentro de esa corriente de personas que van con muchos objetivos, ninguno igual que otro, me adentré con dos amigos que ustedes ya conocen tanto como yo a un sinfín de librerías y editoriales que, según el catálogo en línea, me ofrecían el ejemplar que buscaba; PUES NI MADRES (para resumirlo), NO ESTABA EN NINGUNA, estaba enojada, estaba decepcionada y con unas intensas ganas de prenderle fuego al lugar. ¿Ir a una gran feria del libro y no encontrar UN ejemplar que no era la primera biblia impresa? ¿Tan imposible, Jesucristo, librerías facsímiles? –y dentro de mi enojo gritaba internamente “pero no fueran libros de gente estúpida porque como concha en panadería”-.

Ya molesta y dispuesta a salir del lugar, caminé por el área internacional para encontrar un estand que, para mi gran alegría, lo tenía. Fui enteramente feliz porque, aunque sabía que me iba a tardar en comenzarlo estaba en mis manos y era más perfecto que la última vez que lo vi. Y en realidad, sí. Tardé casi dos años en comenzarlo y alrededor de tres meses en terminarlo. Ahora, vamos a una de las partes que creo se me va a complicar en redactar.

¿Cuál fue mi impresión del libro? Abiertamente creo que es una obra de arte. ¿Por qué? Ello consiste en varias cosas que diré por partes:
1.       La historia. Muchos se habrán dado cuenta que tengo una afición por la novela histórica y no sólo eso, desde hace unos meses he aceptado abiertamente que este género es mi favorito por sobre todos. ¿Cuál es el motivo? Fácil: a través de un relato inverosímil te están describiendo la historia verosímil, es decir, el autor o, en este caso, la autora es capaz de crear nuevos personajes y mezclarlos con aquellos que existieron de verdad para relatar cosas que ellos inventan pero al mismo tiempo combinan con los que en verdad existieron. ¡Pffffffff! Te quebras la cabeza sólo de pensar cómo llegan a lograrlo tan bien.
2.      La época de la historia. El final del Imperio Romano y la edad media, lo bonito de las novelas históricas es que pueden describirte todo el paisaje social, económico y político que se vivía en determinada temporalidad y espacialidad. Uno de los verdaderos logros de este género es describirlo con tal exactitud que te hagan transportarte hacia el lugar que el autor describe. Bueno, Christie logró hacerlo de una manera elegante, no sólo era el hecho de sentir que estaba en el siglo XV. ME HIZO QUERER VIVIR EN EL SIGLO XV. NO ME IMPORTA EL OSCURANTISMO.
3.      Mi vida durante el libro. Me tardé mucho en terminarlo y eso no quiere decir que no me gustó o me pareció aburrida la historia, simplemente tuve ese ritmo. No obstante, durante lo tuve como lectura pasaron un montón de cosas interesantes. Durante mi adolescencia los libros fueron parte fundamental para evitar mi suicido y no me gustaría decir que son un escape, porque no, ellos son un complemento en la vida de las personas que deciden abrirse a ellos. Y sí, conozco personas, incluso amigos muy cercanos que creen que la literatura no te enseña nada porque no es “ciencia” y aunque respeto ello, no estoy de acuerdo. Mis libros me enseñan, quizá no ciencia exacta ni social, pero sí a cómo sobre llevar las cosas.
4.      Su estética. La portada es encantadora, había ignorado ello hasta después de haber tomado una clase donde me ayudaban a analizar el paisaje de diferentes épocas.

Creo que es todo. Necesitaba sacar esto porque realmente me conmocionó el libro.


Amando periferia: experiencia empírica del espacio

Leave a Comment
Como geógrafa (tenía que comenzar así) y durante mi educación básica dentro de la disciplina –y al menos en Jalisco- se mencionan, desde siempre, dos dicotomías importantes: ciudad-campo y centro-periferia, existen por eso un sinfín de investigaciones y artículos que describen a cada uno y, me pesa decirlo, sobre ponen a determinado espacio sobre otro y si uno es lo suficientemente tonto –como yo- va a establecer una jerarquía (y generalmente la ciudad domina sobre el campo y el centro sobre la periferia, porque históricamente el proceso de globalización –llamemoslo así- ha creado estos escenarios).

Pero no vengo a hablarles o explicarles algo que ya está escrito y de lo cual existe muchísima bibliografía. El meollo de esta entrada es relatar cómo me ha tocado vivir uno de los espacios que juré intentaría evitar a toda costa (por sus problemáticas territoriales) y con el que terminé interactuando de todas maneras. Las últimas semanas por motivos diversos he tenido que estar constantemente en movimiento a través de la periferia de mi ciudad, quizá para muchos ese lugar en específico es monótono porque o deben cruzarlo para llegar a su hogar o bien viven justo ahí.

Se entiende como ésta al lugar que, en antaño, marcaba una delimitación al crecimiento urbano, pero como sabemos este maldito monstruo no tiene delimitación alguna, así que terminó siendo algo emblemático y conocido como lo que alguna vez intentó frenar un proceso y terminó arrastrado por el mismo. Además de este significado, le damos a la periferia su ambigüedad, debido a que es entendida también como una posición que se le asigna a los países subdesarrollados –en vías de desarrollo, pobres o tercermundistas (quesque esto ya no existe desde que desapareció la Unión Soviética, pero me importa un carajo)-. Es importante destacar ambos significados debido a que sólo me refiero al primero, no al último.

Prosigo, entonces, con mi experiencia en la misma. Repito: para muchos este lugar forma parte de su cotidianidad, pero deben entender lo siguiente yo no convivía con periferia. Provengo de una familia a la que, no sé por qué razón, siempre le ha gustado posicionarse en el centro de la ciudad y por más que huyeran de él terminaban localizados en el mismo (por ejemplo, mi abuela materna se crió toda su vida en lo que por mucho tiempo fue el pueblo de Tlaquepaque, hasta que la ciudad misma terminó aunando al municipio a la zona metropolitana y aún peor: es ahora un lugar céntrico) por ello, mi interacción con “las orillas” de la ciudad fueron pocas y efímeras.

Una vez que la burbuja de sobreprotección en la que me guardaban tronó, dicho comportamiento no cambió del todo, todas mis actividades estaban dentro del centro de la ciudad y fue aún peor cuando comenzamos a estudiar el tema centro-periferia. Y podría resumir este conocimiento previo en lo siguiente, centro: comodidades, poco desplazamiento, poca gente, comercio, historia, arquitectura; periferia: todo lo malo en la vida.

La cosa fue la manera en la que estructuré el concepto en mi mente y los lugares a los que me asociaban con la periferia (no hace más de un año tuvimos que ir a fraccionamientos de interés social para estudiar y analizar las problemáticas que vivían día con día; experiencia que no sólo te pone los pelos de punta sino que te hace ser demasiado empático, más de lo que desearías) sin pensar previamente que éstos quedan muchísimo más allá de lo que la periferia en sí.

La primera vez que tuve un acercamiento con la misma fue de carácter teórico debido a la investigación que comencé, en esta por fuerza se asociaba a la periferia con procesos delictivos por ser “poco observada” por los núcleos de poder, es decir, representaban un territorio independiente que marcaba sus propias reglas y delimitaciones y aunque me podrán decir “Dani, eso pasa también en el centro”, el comportamiento se realzaba más en estos lugares.

Y como mi mente suicida no tiene límites un “por qué no” no me dejó descansar con el afán de ir hacia esos lugares a comprobar si lo que decían era cierto. Repito: fue un acercamiento teórico porque nadie, ni mi razón misma, me permitieron ir. Pero fue un rayito de luz que clamaba –yo lo escuchaba claramente- “hey, somos lugares, existimos y somos más interesantes de lo que tú crees”. Y aunque estuvieran mintiendo, la verdad es que me conquistaron.


Creo que vuelvo al punto central, porque como es costumbre, me desvié. Las últimas semanas he tenido que convivir con un tramo del periférico que pertenece a mi estado, el encanto que tiene éste proviene de su desorganización. Su comportamiento es realmente diferente y único, crea un paisaje que termina siendo la mezcolanza de construcción urbana y cascajos de naturaleza (SEGUNDA NATURALEZA, NATURA NATURATA) y eso, pésele a quien le pese termina siendo bonito. No es un monstruo devastador al que hay que temerle, al contrario, debería entenderse como una creatura que terminó siendo domesticada por el verdadero proceso y que a pesar de las malas lenguas que de ella se habla es, en conclusión, un símbolo significativo de los lugares. El hito por excelencia de cualquier urbe.

Por qué "Lo que el viento se llevó" representa más

Leave a Comment
(El bonito ejemplar que tengo en mis manos)

No sé qué tan apropiado sea que regrese a desempolvar el blog con una entrada de este tipo y más siendo una persona que se reivindica, pero creo que es parte del ejercicio de superación en el que me encuentro actualmente (que no es nada sencillo desde mi perspectiva); así que pensé "va" porque para esto cree este espacio virtual en 2011, para reflexionar de lo que se me diera la gana. Y muchos podrían estar pensando cosas como "Dani, teniendo cosas más importantes qué redactar haces esto". Y tienen razón, pero la idea me ha estado dando vueltas durante toda la tarde y prefiero dejarla fluir. 

La historia comienza desde la FIL 2016, donde gloriosamente tuve los medios para comprar los libros que quise, no obstante, y como aseguro que a la mayoría de lectores le pasa creo que compramos muchos más libros de los que estamos dispuestos a leer, entonces comienzan a apilarse un sinfín de ejemplares que duran ahí, no sé, regularmente año y medio (en mi caso es verdad). Así que harta de mi situación desorganizada decidí colocar un post it con un número en cada uno para asegurarme de saber cuál iba a leer después de terminar uno, todo por orden en que los conseguí y al parecer funcionó muy bien.

Una vez instaurado mi sistema, comencé con los libros más lejanos, hasta el día de hoy que di por concluido a uno de ellos; mareada como cualquiera al terminar una buena historia, perpleja con los sentimientos que el autor le hace nacer a uno en esas historias que se apropian de nosotros, cerré sus páginas, le di un pequeño abrazo y caminé hacia la mesa -antigua para coser, reliquia familiar, tenía que decirlo- donde coloco todos aquellos que son nuevos para asegurarme de con cuál debía continuar. La sorpresa fue algo extraña, pero encantadora, seguía mis queridos lectores, amigos, compañeros, amores, "Lo que el viento se llevó" de Margaret Mitchell, lo cual me hace abrir un paréntesis para contarles la historia de ese bellísimo ejemplar.

*abro paréntesis*

Era un, aún muy cercano en mis recuerdos, 2015 cuando sentada en el sofá de la casa me encontraba hablando con una persona que en ese entonces yo quería -sí, querer, sin pleonasmos, un sentimiento puro y al parecer muy profundo- cuando de repente comencé a escuchar a mi mamá quejarse al mover algunas cosas en una de las habitaciones, quejas para nada alarmantes, lo cual me permitió seguir entretenida en lo mío hasta que escuché un ligero pero potente "Miira, Daniela, ven". Me paré, caminé descalza por el pasillo hasta entrar a lo que en mi familia se conoce como "el cuartito" y ahí estaba ella, detrás de una caja de cartón que contenía ciertas chucherías poco importantes, cargando un libro algo gordo, color tinto de pasta dura.

"Qué es eso" pregunté al mismo tiempo que estiraba el brazo para tomarlo. Resultaba bonito, pero más bonito fue lo que vi, pues era el mismísimo libro de Margaret Mitchell; mis ojos se agrandaron, di pequeños saltitos hasta que por fin toda la emoción concentrada en mi estómago salió en forma de grito. Dicho libro, cabe mencionar, no es sólo un libro, era el libro favorito de mi abuela y el hecho de poder tener SU libro abría muchas posibilidades.

*cierro paréntesis*

Después de año y medio de ese descubrimiento comenzaré con una historia que tuvo a mi abue intrigada con una vela en su baño muchas noches; a pesar de lo romántico que suena, me gustaría decir que ello me hace repensar muchas cosas. He visto que las personas se pelean por cosas efímeras como un testamento y quizá sólo sea estupidez mía pensar que es muy tonto porque me hace falta madurar, pero lo juro, he visto cómo una persona renuncia a un recuerdo por cosas banales. Lo dice una persona marcada por otra persona, con un recuerdo que está costando mucho enmarcar como eso: un recuerdo. 

Y a pesar de que se lea fatalista, no lo es, justo una tía el jueves me decía que dejara en paz cosas que se han marchado -como mi nonna- y siguiera adelante y creo que es uno de los mejores consejos que me han dado y al saber que ahora comienzo su libro favorito me hace creer que, aunque muchos lo crean, fue la mejor herencia que me pudo dejar, un pedazo de papel y cartón con letras grabadas en máquina de escribir. Y me hace pensar que al leerlo, la vivo a ella, pero también la dejo. 

Del porqué no medicina y sí geografía

1 comment
Ya va un tiempo desde mi última publicación. La inspiración es un tesoro muy valioso que pocos tomamos en cuenta y somos algo estúpidos al no hacerlo porque a veces nos hace mucha falta para vivir. Todos podrán decir "bien, Dani, tienes ya años sin escribir aquí y vienes a darnos un sermón aburrido"; mi respuesta sería "no". Los últimos días he vivido muchas cosas, las cuales había jurado jamás hacer pero últimamente he entendido que en mi vocabulario dicha palabra es igual a "olvídalo, algún día lo haré y me sentiré estúpida de haber dicho nunca", lo mejor del caso es el arrepentimiento nulo que siento al vivir lo que estoy viviendo.

Lo anterior comienza con hoy; cierro un día maravilloso -porque literal lo comencé despierta a las 12 am- teniendo una infinidad de borracheras, crudas y mucho frío. El punto medular para catalogarlo como un día fuera de lo común surge a partir de las, no sé, 10 am, cuando yo muy quitada de la pena le decía a una prima que la angustia porque un ratón se había metido a su casa sólo incrementaría la colitis que ya presentaba (cabe decir aquí que no soy médico, no estudié medicina y no sé ciertamente si la angustia te genera algún malestar -desde el pensamiento occidental donde todo se arregla con medicina tradicional, claro-), con base a ello su hermana exclamó un poco desconcertada:

-¡Chingado, Daniela! ¡¿Por qué no estudiaste medicina?!

En el momento se me vinieron miles de respuestas a la cabeza como "qué asco, no", "me viste cara de qué", "porque no me gusta la sangre" (muy típica), "lloro al ver enfermos" (muy estúpida), pero al final mirándola con asco contesté lo siguiente:

-¡Ay no! No quería algo tan simple en mi vida. 

Esa respuesta sintetiza todo lo que siento, no obstante tardé en darme cuenta el porqué. Justo hoy, repito, pasaron cosas grandiosas y para mí significa mucho debido a que, sí, literalmente es el primer día del año y comenzarlo tan bien me da un buen augurio para el resto del mismo -LO SÉ, SUENA TAN ESTÚPIDO PERO, A ESTAS ALTURAS DE MI VIDA, TAN REAL- ¿por qué? Bueno, cerré muchos ciclos antes de cerrar 2016, en verdad, cerré tantos ciclos con personas y cosas que es como haber liberado mucho peso. Dije muchas cosas a muchas personas que se merecían esas palabras que siempre guardo, recibí pocos pero  sinceros mensajes de las personas con las que quiero estar para siempre. Comencé, en fin, el año con personas a las cuales aprecio, borracha, feliz, eufórica y cruda. 

Comencé viajando a Amatitán -un municipio de Jalisco- en una camioneta de carga con gente magnifica que me hizo reír hasta irritar mi garganta, pero lo que más me gustó fue la acción que hizo que la respuesta a mi prima tuviera tanto sentido, al pararme en el mismo medio de transporte tuve la oportunidad de mirar el paisaje y para sorpresa mía COMENCÉ A LEERLO (profe Hirineo no sabe lo ansiosa que estoy porque lea esto); las montañas, fábricas, los asentamientos humanos, la agricultura, todo comenzó a moverse en mi cabeza intentando darle una explicación del porqué estaban ahí, sobre puestas, incompatibles y a la vez siendo uno mismo en el espacio.

Por ello, en secreto, lloré poquito porque, a seis meses de haber concluido con mis estudios en la universidad, como muchos, quedé con la duda de saber si había aprendido algo en la escuela, porque como supongo que a todos nos pasa, siempre existe la seguridad de no hacerlo, como si el tiempo pasara y uno fuera el mismo. Aunque en mi caso específico hoy, de verdad apenas hoy, me di cuenta que cuatro años repercutieron de manera profunda en mí y no sólo de manera académica con un cerca inquebrantable sino en mi vida entera. Y quizá -ahora me refiero a todos- no lo percibimos porque vivimos con el cambio día a día. Por ejemplo, cuando tienes mucho sin ver a una persona y te encuentras con ella está como "¡mira lo mucho que has crecido!" y tú sólo puedes poner cara de estúpido porque no notas la diferencia del ayer y hoy hasta un punto específico (viendo fotos antiguas).

Y entonces llega el momento en el que ves que sí aprendiste algo o mejor aún, que puedes aplicarlo y me emociona mucho haberme dado cuenta el día de hoy, 1ro de enero de 2017 en la parte trasera de una camioneta, riendo, siendo golpeada por el viento, apreciando paisajes rurales, urbano-rurales vespertinos, naturales (aplicando su definición dentro de la 2da naturaleza según Harvey bebé o Natura naturata según Santos), o urbanos nocturnos; gritando hasta quedar loca, con la lengua quemada por el café de la tienda de autoservicio y con la resaca de haberme tomado un cuernito lleno de tequila de un solo trago.

A lo que voy es que apenas hoy estoy segura del porqué geografía y no otra cosa, 2017 va a ser un año excelente (aunque nadie me lo haya asegurado) y que no prometo volver pronto pero al menos sí volver. 

Mi lista de blogs

Seguidores

Con la tecnología de Blogger.