Debería
estar terminando unos documentos que considero más importantes que lo que estoy
escribiendo, pero no me gustaría dejar pasar la ocasión para plasmar algo que
me rondó en la cabeza desde que comencé con el texto, que fue ya hace
prácticamente tres meses. No me gustaría definirlo como crítica, porque nada es
crítica (o sí) si viene desde nuestras perspectivas subjetivas; lo dejaré como
el planteamiento de ideas que surgieron después de (por fin) terminar de leer
el libro.
Me
interesó leer Moby Dick de Herman Melville por la simple razón de que es un
clásico y en comparación con muchas otras personas a las que ya las tienen hasta
la madre los clásicos, a mí me encantan; otra razón no principal, es que me gustan mucho las ballenas (aunque no el chacalote específicamente)
así que, el hecho de que la historia rondara entorno a una, hacía más excitante
la lectura. El texto llegó a mis manos hace dos años en FIL 2015, previamente
la había buscado en el clúster de librerías del centro de Guadalajara sin éxito
(ojo aquí: quería una edición antigua en pasta dura), un poco asqueada y molesta
por la necesidad de buscarlo, dentro de una editorial en expo Guadalajara me
topé con la edición que ahora tengo, es necesario decir que no es de pasta
dura, pero la portada y su color me gustaron (además de que era barato, perdón).
Es
por ello que lo compré y lo dejé en mi casa hasta el mes de Julio de este año.
Una de las problemáticas con las que me enfrenté para poder digerirlo mejor,
fue que había visto una película de la temática antes de leer el
texto (‘In the Heart of the Sea’ (2015) por si les interesa). Y como siempre nos
pasa, tendemos a idealizar los argumentos centrales de unos con otros y, obviamente,
esperamos ver lo mismo. ¿Qué quiero decir? Que yo esperaba una lucha encarnizada
de principio a fin con una ballena blanca enorme y lo que me encontré fue, en
realidad, una lucha encarnizada, de principio a fin, con nosotros mismos
reflejados en su majestad el océano.
Moby Dick para mí fue un dolor de cabeza, algo
denso y difícil y, quizá, en algunos momentos aburrido y con esto no digo y no
quiero que asuman, que es un mal libro, al contrario; tardé tres meses en
terminarlo debido a deberes, trabajos, salidas y la misma procrastinación, pero
una de las cosas que me hacía mucho encabronar eran comentarios como “¿A poco
se te está haciendo pesado? A mí para nada”, “Ay, yo lo leí de niña, para nada
es pesado”, “¿Todavía no lo acabas? Hmm, yo lo leí a los tres años mientras
andaba en monociclo en periférico norte” y antes de comenzar les digo que si
son de esos, váyanse a tirar su superioridad de mierda a otro lado que yo los
escupo.
Ahora, dirán “bueno, Dani, nos acabas de decir que
te aburrió ¿cómo dices que es buen libro”; ¡porque lo es! De principio a fin el
libro contiene elementos para su deconstrucción y análisis no sólo como una
obra de entretenimiento, sino un descriptor del paisaje social de la época y
una obra para nuestra retroalimentación personal. Y ello me marcó mucho, pues
mi percepción como geógrafa se vio alterada (y les prometo que influye cabrón
que sea geógrafa).
Como primer punto de exposición me gustaría decir
que localicé en el libro una época precisa: la obra se publicó en 1851, diez
años antes de la Guerra de secesión; los primeros capítulos hablan de
Nantucket, un lugar localizado en lo que para entonces era La Unión, es decir,
nos da un paisaje social de la vida de los estados del Norte o “yanquis”. Ello
para mí representó mucho porque, meses pasados como ya saben, había leído “Lo
que el Viento se Llevó” de Mitchell y ella se encarga de describir a la
sociedad pero del sur; esto me ayudó a comparar, pero también a conocer las dos
caras de la moneda de un territorio que convergió de, por así decirlo, dos
sistemas diferentes (fiel a los del Sur si me lo preguntan).
Un segundo análisis está en la localización de
Nantucket y cómo la misma hace que una actividad económica de vida a un
espacio; y ello me recordó de nuevo a las palabras de Mitchell, ella en Lo que
el Viento se Llevó mezcla elementos espaciales para la localización de la
primera estación del Tren en el Sur y cómo esto trajo el crecimiento de la
ciudad de Atlanta, su prosperidad y el desarrollo en la región. Pues Melville hace lo mismo, pero desde la isla; Ismael (el único narrador de la historia)
nos da explicaciones GEOGRÁFICAS de cómo es que ésta de ser la cosita fea, poca
cosa, se levantó por la industria ballenera. Se sabe que el esperma era
preponderante para las actividades cotidianas de toda una sociedad que no sólo
abarcaba a ese pequeño pedazo de tierra rodeado por agua. El mismo personaje
expresa que la ciudad que se ha creado y expandido fue construida gracias a
todas las personas que ahí se dedican a las actividades balleneras. Esto es
asombroso porque expone los elementos que dieron lugar al desarrollo del
territorio (y checando en internet vi que la bandera oficial del lugar tiene a
un cachalote, eso habla de cómo la sociedad también puede crear imaginarios a
través de estas actividades hasta volverlas propias).
El tercer planteamiento es más una pregunta:
¿cuántas muertes nos ha dejado el desarrollo? Háblese de cualquiera, en este
caso, se relata la muerte y desaparición de MILES de personas en búsqueda de
ballenas para el desarrollo de los territorios. Y esto me cala aún más en la
actualidad cuando la corrección política, los progres y anti-progres están de
moda; buscamos ahora el bienestar social general, que nadie sufra, la
solidaridad y empatía de todos, pero, ¿esto es posible o sólo una idea utópica
muy en el trending toping de los asuntos actuales? Lo que yo veo a través del
texto es que el desarrollo como ciudades, países o sociedad mundial seguirá
costando miles de vidas y esas vidas siempre son (o serán) ignoradas debido a
que sin ellas no tendríamos la paz que tanto buscamos. Se pierden, por ser
tantas, las historias de los hijos, padres o personas que ayudaron en la
construcción de edificios, extracción de esperma de cachalote o construcción de
las vías del tren, pero que son fundamentales para tener lo que ahora tenemos.
Por último me gustaría decir que el libro no sólo
se queda en relatar un conflicto entre un barco y una ballena, hay un porqué
que no termina de ser claro (sigo sin entender el propio comportamiento de la
ballena) pero que nos ayuda a nosotros mismos a entendernos como personas. La
obra está llena de analogías, donde la primordial se central en el océano como
la vida y a nosotros como el barquito que navega en él.
Cierro con una pregunta que me gustaría que se
hicieran los que ya han leído la obra: ¿cuántas veces hemos sido el capitán
Ahab emprendiendo la obstinada búsqueda de nuestra propia Moby Dick y hemos
tenido el mismo resultado?
0 comentarios:
Publicar un comentario