El Defecto

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El sábado fui a una puesta en escena de uno de mis cuentos y princesas favoritas: la Bella Durmiente (sí, he leído todas las versiones y sí, también he visto todas las adaptaciones en pantalla y, por último, sí, me han gustado todas), el punto es que, mientras corría toda la obra, para mi desgracia tenía atrás a una familia “típica” en esta sociedad tapatía, mujer, hombre y dos –mal nacidos- niños que no hicieron otra cosa más que decir que qué aburrido estaba todo el show. Bueno, suponiendo que los llevan a la fuerza pues sí, pero el punto es que yo me molesté y es de lo que vengo a platicar el día de hoy.

Durante toda mi vida he tenido que lidiar con un hermoso defecto que tengo: ser muy sensible al cambio de humor y específicamente al enojo. Y no, no quiero sonar como muchacha puberta que cree que padece de bipolaridad, porque afortunadamente no es mi caso, pero como lo describo en mi cuenta de tuíter:

“Vivo en un estado constante de mal humor”.

Porque no necesitan romperse la cabeza para hacerme enojar, con cualquier cosa, movimiento, comentario o señal instantáneamente estarán viendo mi cara de irritabilidad o en el mejor de los casos van a ser lo suficientemente valientes como para preguntarme “¿qué tienes?” (pregunta que me rodea diariamente). NADA, NO TENGO NADA, SÓLO ESTOY ENOJADA, PERO ESO ES NORMAL.

Ahora, antes no lo aceptaba tan abiertamente, ¿quién va a aceptar sus defectos? Es muy difícil que la gente lo haga, pero todo esto cambió un día que acompañé a una de mis amigas a la presentación de una revista literaria en donde al comprar un ejemplar y leer uno de los poemas venía la descripción de una mujer con la cual yo me identifiqué. Pongo aquí lo leído:
"Cecilia era una mujer irascible.
En cambio yo permanecía impávido, con un sello entre los labios.
Ella corría en llamas a tomar sus clases.
Me llamaba para increpármelo todo, y yo asentía, y le decía que estaba bien".
Cecilia
Román Villalobos.

Mi vida después de ello fue más sencilla, ya que esa palabra ha venido a esclarecer todo lo que yo no entendía. Si se están preguntando qué es lo que quiere decir “irascible” les pongo aquí lo que la hermosa RAE nos señala: propenso a irritarse. CABUM.

Así que ahora que entendemos que Dani es una persona irascible, les dejo aquí unas cuantas de las cosas que me molestan mientras estoy viviendo:

·         El sarcasmo porque no lo entiendo.
·         Las bromas porque tampoco las entiendo.
·         Que mis paletas favoritas hayan sacado más sabores, porque los odio.
·         Hacer fila.
·         Hacer esperar a la gente.
·         La impuntualidad.
·         La insistencia.
·         Los niños.
·         Los perros.
·         Los gatos.
·         Los lugares con música alta. Si se preguntan entonces si me gustan los conciertos, la respuesta es no, ellos también me ponen de malas.
·         Como a muchos, que me interrumpan cuando estoy leyendo.
·         Que me hablen o que hablen en clase.
·         Los que se salen del maldito tema de la clase (SÉ QUE MUCHOS SE SIENTEN IDENTIFICADOS, PARA USTEDES VA LA PIEDRA).
·         El claxon de los autos.
·         Que me quieran poner celosa (o sea NO).
·         Que me pidan que les recomiende un libro.
·         Sacudir.
·         Las aglomeraciones.
·         Que un escritor se muera y publiquen sus frases (lo digo por Eduardo Galeano y anteriormente Gabriel García Márquez).
·         El color naranja.
·         Etc… (lista que nunca acaba).

Y bueno, a nadie le interesa si esto es verdad o no, pero el día de ayer uno de mis amigos me pidió una lista como ésta.

PD: si no me creen podrían preguntarle a cualquier persona que ha convivido más de un año conmigo, ellos podrán confirmarlo.


Adiós.

Cartas a mi abue XIII; el retiro y no refugio

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Abue:

Escribo desde mi cama, una cueva en donde no entra la luz, ni del día, ni la artificial que emana del foco. No es el lugar ni, de hecho, la hora para hacerlo, porque a pesar de estar de vacaciones yo ya tengo los párpados cerrados a las nueve, pero me han pasado dos cosas muy importantes que creo mereces la pena saberlo, aunque si seguimos los paradigmas de la religión en la cual nos tocó nacer, quizá ya lo sepas.

El lunes fui a realizar unas entrevistas junto con unos amigos al no tan pequeño (y lo avalo porque digitalicé toda la zona) barrio de El Retiro (lo escribí sin equivocarme, por si estás leyendo esto, Braulio), lo cual me dejó un gran aprendizaje porque en primer lugar, perdí el miedo a llegar con la gente que no conozco y así mismo entender que no todos son unos hijos de puta sin corazón y en segundo debido a que el lugar es un vestigio, un vestigio que te hace sentir cómo era la Guadalajara de antes, esa en la que quizá tú convergías de pequeña y no sabes cuánta felicidad me dio sentirme así, tan feliz.

Y no sólo por sentirme en un lugar “de antes”, también tuve la fortuna de conocer a una familia, a una familia como lo diría mi amigo: conservadora. Con una casa con el patio en medio, muy fresca, con un aroma hogareño, cuartos dispersos alrededor del patio en donde para ir al baño, irremediablemente tienes que cruzarlo, con una cocida con muchas cosas: pasta, nueces, cereales, fruta, etc., siendo ellos muy buenos anfitriones porque, ojo: no nos conocían, y por último lo que más me asombró y me pareció alucinante (de una manera hermosísimamente positiva): una familia que le agradece a Dios por la comida en la mesa. No es que yo sea religiosa y lo sabes, pero jamás había estado presente en aquello y me pareció, con absoluta franqueza, lo más genial del mundo.

Así mismo, algo que me sorprendió aún más es que uno de los entrevistados (el señor de la casa) se presentó con nosotros diciendo que era geógrafo, que conocía a nuestros maestros y, ¡AÚN MEJOR! ¡¡¡¡CONOCE DE GEOGRAFÍA!!!! Sobra decir que yo, de verdad, en esa casa estuve encantada, porque no sólo nos dio (o me dio) muchos “tips”, sino que también nos maravilló con una perfecta entrevista –aquí es donde me dirán que tengo un criterio subjetivo, pero ocai-.

Por último, para poder pasar al segundo tema, tengo algunos cuestionamientos que se irán sin recibir respuesta: ¿en qué momento el espacio disminuye?, ¿cómo es que las distancias se acortan?, ¿por qué lo que ahora se nos hace relativamente corto antes era –extremadamente- largo? Tengo una respuesta objetiva: globalización. Y aunque lo entiendo, no es la respuesta que busco. Cuando uno crece sus horizontes se extienden, puedes abarcar tantos lugares como quieras y lo mejor es que, puedes hacerlo sin la mano de tu mamá. Ese día, viendo una de las garitas de Guadalajara y así mismo, observando el Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) desde el monumento a la madre, me di cuenta.

Esa fue una de las maravillas que me pasaron, paso a la segunda:

Hoy estuve todo el día en casa de la Jaque, con mis dos primitos bebés a los que adoro con todo mi corazón (y de verdad no exagero, porque siento que se me va el alma en darles todo el amor que conservo). Hablando de las nimiedades de siempre, le conté algunas cosas que albergan en mi cabeza desde hace un par de meses (ignorando la escuela, por supuesto), mi tía me hizo abrir un poco los ojos hablándome con toda franqueza y aunque te dije que fue una maravilla en su momento me sentí muy mal.

Ella desea, a grandes rasgos, que no siga el patrón que predomina en esta familia con TODOS, me quiere ver hacer las cosas diferente, ella cree que puedo. Abue, estoy dispuesta a hacerlo. Te daría el discurso completo, pero sería descubrir a varias personas y pues QUÉ OSO.

Ah, otra cosita que se me pasaba y creo muy importante decirte, el viernes, yendo por federalismo pasé por el dermatológico y no pude evitar ver el lugar en donde estábamos aquella vez desayunando. Yo estaba llorando porque me iban a poner las puntadas de en medio de mis dos ojos OTRA VEZ y creía que no era justo, yo no quería llevar puntadas a la prepa, tú, tan tranquila y tan experta ya en la vida, me compraste un sándwich y un licuado de fresa –que sabías era mi favorito- y me dijiste, recta, como siempre:

-La vida es injusta para todos, no eres la única, no te sientas especial.

-Pero me va a doler la anestesia-repliqué.

-Pero será un dolorcito, después te verás tan bonita como siempre.

Obviamente mentías, porque al salir tenía un parche horrible, pero tú lo recompensaste con una sonrisa y no satisfecha me compraste unas botas para la lluvia que yo tenía pidiendo desde hacía tiempo.

Por supuesto que al recordarlo quise llorar, pero me contuve, porque iba con un niño y otra vez: QUÉ OSO que me vean llorar.

Es todo, Berta, ya es abril y faltan 21 días para tu natalicio, te extraño, te extraño mucho y quisiera abrazarte porque me haces mucha falta, pero todavía falta para ello, mientras tanto te quiero decir que te amo.

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