Cartas a mi abue XIII; el retiro y no refugio

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Abue:

Escribo desde mi cama, una cueva en donde no entra la luz, ni del día, ni la artificial que emana del foco. No es el lugar ni, de hecho, la hora para hacerlo, porque a pesar de estar de vacaciones yo ya tengo los párpados cerrados a las nueve, pero me han pasado dos cosas muy importantes que creo mereces la pena saberlo, aunque si seguimos los paradigmas de la religión en la cual nos tocó nacer, quizá ya lo sepas.

El lunes fui a realizar unas entrevistas junto con unos amigos al no tan pequeño (y lo avalo porque digitalicé toda la zona) barrio de El Retiro (lo escribí sin equivocarme, por si estás leyendo esto, Braulio), lo cual me dejó un gran aprendizaje porque en primer lugar, perdí el miedo a llegar con la gente que no conozco y así mismo entender que no todos son unos hijos de puta sin corazón y en segundo debido a que el lugar es un vestigio, un vestigio que te hace sentir cómo era la Guadalajara de antes, esa en la que quizá tú convergías de pequeña y no sabes cuánta felicidad me dio sentirme así, tan feliz.

Y no sólo por sentirme en un lugar “de antes”, también tuve la fortuna de conocer a una familia, a una familia como lo diría mi amigo: conservadora. Con una casa con el patio en medio, muy fresca, con un aroma hogareño, cuartos dispersos alrededor del patio en donde para ir al baño, irremediablemente tienes que cruzarlo, con una cocida con muchas cosas: pasta, nueces, cereales, fruta, etc., siendo ellos muy buenos anfitriones porque, ojo: no nos conocían, y por último lo que más me asombró y me pareció alucinante (de una manera hermosísimamente positiva): una familia que le agradece a Dios por la comida en la mesa. No es que yo sea religiosa y lo sabes, pero jamás había estado presente en aquello y me pareció, con absoluta franqueza, lo más genial del mundo.

Así mismo, algo que me sorprendió aún más es que uno de los entrevistados (el señor de la casa) se presentó con nosotros diciendo que era geógrafo, que conocía a nuestros maestros y, ¡AÚN MEJOR! ¡¡¡¡CONOCE DE GEOGRAFÍA!!!! Sobra decir que yo, de verdad, en esa casa estuve encantada, porque no sólo nos dio (o me dio) muchos “tips”, sino que también nos maravilló con una perfecta entrevista –aquí es donde me dirán que tengo un criterio subjetivo, pero ocai-.

Por último, para poder pasar al segundo tema, tengo algunos cuestionamientos que se irán sin recibir respuesta: ¿en qué momento el espacio disminuye?, ¿cómo es que las distancias se acortan?, ¿por qué lo que ahora se nos hace relativamente corto antes era –extremadamente- largo? Tengo una respuesta objetiva: globalización. Y aunque lo entiendo, no es la respuesta que busco. Cuando uno crece sus horizontes se extienden, puedes abarcar tantos lugares como quieras y lo mejor es que, puedes hacerlo sin la mano de tu mamá. Ese día, viendo una de las garitas de Guadalajara y así mismo, observando el Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) desde el monumento a la madre, me di cuenta.

Esa fue una de las maravillas que me pasaron, paso a la segunda:

Hoy estuve todo el día en casa de la Jaque, con mis dos primitos bebés a los que adoro con todo mi corazón (y de verdad no exagero, porque siento que se me va el alma en darles todo el amor que conservo). Hablando de las nimiedades de siempre, le conté algunas cosas que albergan en mi cabeza desde hace un par de meses (ignorando la escuela, por supuesto), mi tía me hizo abrir un poco los ojos hablándome con toda franqueza y aunque te dije que fue una maravilla en su momento me sentí muy mal.

Ella desea, a grandes rasgos, que no siga el patrón que predomina en esta familia con TODOS, me quiere ver hacer las cosas diferente, ella cree que puedo. Abue, estoy dispuesta a hacerlo. Te daría el discurso completo, pero sería descubrir a varias personas y pues QUÉ OSO.

Ah, otra cosita que se me pasaba y creo muy importante decirte, el viernes, yendo por federalismo pasé por el dermatológico y no pude evitar ver el lugar en donde estábamos aquella vez desayunando. Yo estaba llorando porque me iban a poner las puntadas de en medio de mis dos ojos OTRA VEZ y creía que no era justo, yo no quería llevar puntadas a la prepa, tú, tan tranquila y tan experta ya en la vida, me compraste un sándwich y un licuado de fresa –que sabías era mi favorito- y me dijiste, recta, como siempre:

-La vida es injusta para todos, no eres la única, no te sientas especial.

-Pero me va a doler la anestesia-repliqué.

-Pero será un dolorcito, después te verás tan bonita como siempre.

Obviamente mentías, porque al salir tenía un parche horrible, pero tú lo recompensaste con una sonrisa y no satisfecha me compraste unas botas para la lluvia que yo tenía pidiendo desde hacía tiempo.

Por supuesto que al recordarlo quise llorar, pero me contuve, porque iba con un niño y otra vez: QUÉ OSO que me vean llorar.

Es todo, Berta, ya es abril y faltan 21 días para tu natalicio, te extraño, te extraño mucho y quisiera abrazarte porque me haces mucha falta, pero todavía falta para ello, mientras tanto te quiero decir que te amo.

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