Alguien

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Escucho esa voz, la que me encanta el oído, no sé de dónde proviene o qué quiere, pero me causa cierto placer sentir que se dirige a mí.

La he seguido en sueños, en anhelos, en caprichos, en berrinches; cierto es que nunca se va. Es fuerte al saber que persigo su camino.

¿Cómo andas? Le pregunto desde mi cabeza, es exasperante seguir algo que no sabes si es para ti. ¿Merece la pena? Me pregunto, a veces en mares de lágrimas o simplemente en nidos de alegría. ¿Merece? Pregunto de nuevo, confundida o abatida.

Quisiera escuchar más que esa voz, contemplar su sonrisa, observar su anatomía, que se ría, conmigo que se ría… aparece, donde estés.

Quien seas.

Aparece…

Me muero por conocer tu tez

Cartas a mi abue; III

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Hola abue:

Tal vez la gente crea que estoy loca por hacer esto, pero a mi parecer ha sido la cosa más sana para aceptar que estás muerta, y que no tengo a quien contarle de la A a Z mi día. Ya ves, te encantaba callarme con el “Está bien, ponte a comer”. Ahora que lo veo ¿no me dabas el avionazo?

¿Cómo estoy? Bien… estoy tranquila, con mi paz interior bien chida, tengo el shanti por dentro, diría mi maestra de yoga. Dejé atrás muchas cosas que pensaba que no me venían bien, de seguro sabes a qué me refiero y de seguro has de decir “qué bueno”. No sé… siento esa melancolía que no me deja vivir en paz, a veces me siento muy miserable como Fantina, ¿recuerdas que tus últimos meses de vida te leí un capítulo de la novela?

¡Me estresa! “Les miserables” sale hasta el 14 de febrero y es una mentada de madre cinematográficamente hablando, ya quiero verla. Por cierto, ya salieron las nominaciones de los “Academy Awards”, al parecer este año estarán buenos.

¿En la escuela? Pues estoy encantada, mi calificaciones me tienen encantada y en general todo lo de la carrera, me empiezo a hacer muy buenos amigos, creo que “tiré las bardas que no me permitían socializar” “abrí mis barreras” así como decías tú. Es un poco triste hacer todas estas cosas que querías que hiciera cuando ya no estás para verlo.

Ayer, triste, desolada, en fin miserable de nuevo, me di cuenta de lo que quiero, lo sé desde que tengo 12 años, al parecer. Pero ayer fue como “Puedes hacerlo, Dani”. Antes no me la creía pero mírame, a los 5 años quería entrar a la universidad y lo hice, me siento como superman… ¡QUE SUPERMAN SALE HASTA JUNIO!

¿Te conté de mi viaje a Melaque? No, no lo hice… úh, ¡una hermosura pura y natural! No me había encantado tanto un viaje como ese.

Creo que es todo, abue. Vamos sobrellevando las cosas, por lo menos mi mamá y yo no hemos incendiado tu casa, y tus plantas… pues yo también hablo con ellas, es el constante recordatorio de que exististe y que me quisiste. De sobra sabes que te extraño, pero no se me olvida lo que te prometí y estoy trabajando en ello. Te quiero.

Primer libro. 2013

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He querido hacer esta entrada desde el sábado, pero he aquí mis motivos; el sábado caí en depresión por junta de la jefa de mi mamá (y de una migraña terrible), el domingo fui al cine a ver nominaciones –quedé encantada, por cierto, mariconeando- y ayer estaba muriendo lentamente de gripe, con lo cual sigo, pero al menos ya no es necesario subirme los mocos hasta el cerebro.

Dato: estoy escuchando una canción que me recuerda a una aventurilla que tuve por ahí de noviembre.

Bueno, pues el sábado estaba terminando de leer mi primer libro del año, y creo que a todos nos ha de pasar lo mismo; cuando terminamos de leer el primer libro es como la apertura a cosas inimaginables, ¿por qué? Pues, porque, en mi caso, es como decir “si ya pude con uno, puedo con los demás”. Es como un nuevo comienzo, aunque no existan los nuevos comienzos en año nuevo.

Cuando lo terminé, mi reacción fue como: Oh… ese vacío que sientes al terminar un libro, pero creo que este me abrió las puertas a que me interesara la revolución mexicana, como algunos sabrán, apoyo ciegamente a Porfirio Díaz.

"Los de abajo" (no haré una reseña, porque no me considero buena, sólo daré una opinión), a mí una maestra me lo recomendó, y no me interesó leerlo, hasta que por ahí del 18 de noviembre, fui a la FLU (Feria del Libro Usado) con Derek y Brenda buscando cosas nuevas me encontré con el ejemplar, lo que más me gustó es que, el libro es muy antiguo, tocas las hojas y es como una hoja seca de un árbol, el olor y creo que hasta hongos. Pero bueno, lo compré y después me propuse a leerlo. 

El libro está en el ambiente revolucionario de 1915. 

Lo que más me gustó es que el escritor lo llenó de barbarismos (usté, güeno, pos, etc.) y que lo llenó de atole, tequila, y todo los mexicano posible. De hecho, después de buscar en internet unas palabrillas que no entendía un chavo nos dijo "Mexicohablantes" no sé si en el buen sentido o en el malo. Así que, para el comienzo del año, es un libro grato.

Después recordé la vez que leí un libro en una semana y me aferré a leerlo en menos tiempo, fue en 2010, un enero 12 comencé con algo de Anne Rice, como el libro hasta ahora me ha parecido algo aburrido, pero no menos interesante. Fue entonces cuando conocí dolores de cabeza por desvelarme hasta tarde.

Tan así fue que mi mamá me castigó, dijo que no leería en una semana.

¿A quién, pregúnteme yo, su mamá la castiga con no leer? A mí.

Así que, amigos, les doy la bienvenida a mi blog, me doy la bienvenida a seguir leyendo más libros este año. Y ya.

El parque.

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Todo estaba marchando bien con el lodo que se había hecho de la lluvia pasada en el parque, parecía que Camila tenía todo listo para hacer la cena perfecta mientras su abue la vigilaba (o eso creía, pues ésta descifraba juegos de palabras desde la banca sentada), así que comenzó a hablar con sus amigos imaginarios, estaban todos ahí: Ana, Estefania, Pedro, El Señor horror, les decía a cada uno dónde estaban sus lugares.

- ¡Hola! ¿Jugamos?

Camila esperó un poco con los ojos abiertos, preguntándose si la voz había sido de a de veras o sólo su imaginación.

- ¿No?

Fue cuando volteó y vio a un niño, de su edad sin duda, era un poco más alto y su pelo era chino, ella se sorprendió, no todos los días un niño con ese pelo la invitaba a jugar.

- Sí… -contestó mirándolo perpleja.

- Bien… Soy Marco… -Marco se quedó parado un rato a que Camila dejara que sus pensamientos terminaran.

¿Qué estaría pensando ella de él? ¿Por qué lo miraba de ese modo?

- Yo Camila -contestó despacio.

- ¡Bien! Juguemos a que este es un castillo enorme y nosotros estamos en la torre más alta -dijo Marco subiendo al resbaladero con prisa.

Camila lo siguió, manchándose de lodo con las pisadas que él dejaba a su paso.

- ¡Estámos muy altos! -dijo Camila que era temerosa.

- Pero la altura no nos hace nada, porque gobernamos todo -dijo él mientras daba lugar a ella.

Camila divisó todo lo que se veía, sin duda era muy alto, y ella se aburría si sólo se quedaba parada, así que sin más, a lo lejos de ese reino que gobernaban, comenzó a vislumbrar fuego.

- ¡Mira eso! -exclamó- ¡Fuego en la ciudad, Marco, todos morirán, pero hay un conducto secreto por acá, debemos bajar y viajar muy rápido!

Marco volteó a donde Camila decía que estaba el peligro, pero no veía nada, la niña, con el seño fruncido esperó con paciencia que el chico comenzara a usar su imaginación y viera el fuego. Después de un momento, pareció haber comprendido y alucinado dijo:

- ¡Por los cielos! ¡Los caballeros se queman! Anda, que tenemos que salvarnos.

Bajaron de prisa por el resbaladero y miraron como locos a todas partes.

La abuela de Camila, a lo lejos vio que su nieta jugaba con un desconocido, esto –como a la niña- le sorprendió, pues no era tan social con los niños de su edad; sonrió y observó en silencio la escena.

- ¡Mira, esos colum…! -gritó el niño.

- ¡¡NO!! Son un tipo de silla voladora que nos transportará al bosque -Camila lo interrumpió.

- ¡Sube, vamos!

Subieron y con el impulso de sus pies se columpiaron hasta llegar a otro panorama en sus cabezas.

El bosque, que sólo eran algunos árboles y una rampa que los llevaba a la pista de caminatas, pero en ella se formaba un riachuelo y se ponía todo verde cuando estaba sucio.

- Moco de trol -dijo Marco agarrando el moho que se acumulaba-. Hay uno por aquí cerca.

- Debemos escalar un árbol para estar seguros o nos puede comer -Camila agrandó los ojos y corrieron a un árbol.

Estuvieron horas jugando a que era la casa ideal, que los duendes la llenaban de agua para que el trol pudiera comerlos con calma y cuando ya no daba para más, el papá del niño lo llamó.

- Debo irme -dijo con tristeza en el rostro.

- Está bien -dijo ella acostumbrada a estar sola.

- Oye… -la detuvo, Marco que le daba la mano a su padre.

- ¿Sí?

- ¿Jugamos mañana?

- ¿En dónde? -a Camila se le iluminaron los ojos.

- Aquí…

- ¿A qué hora?

Marco miró a su padre que le marcó algo en reloj de mano que tenía, Camila supuso porque ya sabía leer el reloj, que era una hora.

- A las 6 -contestó Marco mirándola.

- Está bien -dijo ella diciéndole “adiós” con la mano y regresando con su abuela.

Cuando llegó con ella tomó agua y la incitó a regresar a su casa.

- ¿Y tu amigo?

- Se fue con su papá. ¿Podemos venir mañana?

- Ah, quedaron en una cita.

- No, abue -contestó la niña -las citas son para los novios.

- Bueno, ¿vendrá mañana? -pregunto su abuela divertida.

- Sí, aunque es desesperante que no sepa usar la imaginación.

- Ya veo…

Así caminaron hasta llegar a su casa, platicando de temas para adultos y sobre la batalla de soldaditos que tendrían a la mañana siguiente. Mientras Camila esperaba con ansias que fuese el día después a las 6 de la tarde.

***

Esta historia fue inspirada en hechos reales de mí misma. Hace una noche recordé que tenía un amigo de este tipo, hace años que no lo veo, prácticamente desde los 6; ha de estar cambiadísimo. Y ya.

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