Todo estaba marchando bien con el lodo que se había hecho de la lluvia pasada en el parque, parecía que Camila tenía todo listo para hacer la cena perfecta mientras su abue la vigilaba (o eso creía, pues ésta descifraba juegos de palabras desde la banca sentada), así que comenzó a hablar con sus amigos imaginarios, estaban todos ahí: Ana, Estefania, Pedro, El Señor horror, les decía a cada uno dónde estaban sus lugares.
- ¡Hola! ¿Jugamos?
Camila esperó un poco con los ojos abiertos, preguntándose si la voz había sido de a de veras o sólo su imaginación.
- ¿No?
Fue cuando volteó y vio a un niño, de su edad sin duda, era un poco más alto y su pelo era chino, ella se sorprendió, no todos los días un niño con ese pelo la invitaba a jugar.
- Sí… -contestó mirándolo perpleja.
- Bien… Soy Marco… -Marco se quedó parado un rato a que Camila dejara que sus pensamientos terminaran.
¿Qué estaría pensando ella de él? ¿Por qué lo miraba de ese modo?
- Yo Camila -contestó despacio.
- ¡Bien! Juguemos a que este es un castillo enorme y nosotros estamos en la torre más alta -dijo Marco subiendo al resbaladero con prisa.
Camila lo siguió, manchándose de lodo con las pisadas que él dejaba a su paso.
- ¡Estámos muy altos! -dijo Camila que era temerosa.
- Pero la altura no nos hace nada, porque gobernamos todo -dijo él mientras daba lugar a ella.
Camila divisó todo lo que se veía, sin duda era muy alto, y ella se aburría si sólo se quedaba parada, así que sin más, a lo lejos de ese reino que gobernaban, comenzó a vislumbrar fuego.
- ¡Mira eso! -exclamó- ¡Fuego en la ciudad, Marco, todos morirán, pero hay un conducto secreto por acá, debemos bajar y viajar muy rápido!
Marco volteó a donde Camila decía que estaba el peligro, pero no veía nada, la niña, con el seño fruncido esperó con paciencia que el chico comenzara a usar su imaginación y viera el fuego. Después de un momento, pareció haber comprendido y alucinado dijo:
- ¡Por los cielos! ¡Los caballeros se queman! Anda, que tenemos que salvarnos.
Bajaron de prisa por el resbaladero y miraron como locos a todas partes.
La abuela de Camila, a lo lejos vio que su nieta jugaba con un desconocido, esto –como a la niña- le sorprendió, pues no era tan social con los niños de su edad; sonrió y observó en silencio la escena.
- ¡Mira, esos colum…! -gritó el niño.
- ¡¡NO!! Son un tipo de silla voladora que nos transportará al bosque -Camila lo interrumpió.
- ¡Sube, vamos!
Subieron y con el impulso de sus pies se columpiaron hasta llegar a otro panorama en sus cabezas.
El bosque, que sólo eran algunos árboles y una rampa que los llevaba a la pista de caminatas, pero en ella se formaba un riachuelo y se ponía todo verde cuando estaba sucio.
- Moco de trol -dijo Marco agarrando el moho que se acumulaba-. Hay uno por aquí cerca.
- Debemos escalar un árbol para estar seguros o nos puede comer -Camila agrandó los ojos y corrieron a un árbol.
Estuvieron horas jugando a que era la casa ideal, que los duendes la llenaban de agua para que el trol pudiera comerlos con calma y cuando ya no daba para más, el papá del niño lo llamó.
- Debo irme -dijo con tristeza en el rostro.
- Está bien -dijo ella acostumbrada a estar sola.
- Oye… -la detuvo, Marco que le daba la mano a su padre.
- ¿Sí?
- ¿Jugamos mañana?
- ¿En dónde? -a Camila se le iluminaron los ojos.
- Aquí…
- ¿A qué hora?
Marco miró a su padre que le marcó algo en reloj de mano que tenía, Camila supuso porque ya sabía leer el reloj, que era una hora.
- A las 6 -contestó Marco mirándola.
- Está bien -dijo ella diciéndole “adiós” con la mano y regresando con su abuela.
Cuando llegó con ella tomó agua y la incitó a regresar a su casa.
- ¿Y tu amigo?
- Se fue con su papá. ¿Podemos venir mañana?
- Ah, quedaron en una cita.
- No, abue -contestó la niña -las citas son para los novios.
- Bueno, ¿vendrá mañana? -pregunto su abuela divertida.
- Sí, aunque es desesperante que no sepa usar la imaginación.
- Ya veo…
Así caminaron hasta llegar a su casa, platicando de temas para adultos y sobre la batalla de soldaditos que tendrían a la mañana siguiente. Mientras Camila esperaba con ansias que fuese el día después a las 6 de la tarde.
***
Esta historia fue inspirada en hechos reales de mí misma. Hace una noche recordé que tenía un amigo de este tipo, hace años que no lo veo, prácticamente desde los 6; ha de estar cambiadísimo. Y ya.