Escucho
esa voz, la que me encanta el oído, no sé de dónde proviene o qué quiere, pero
me causa cierto placer sentir que se dirige a mí.
La
he seguido en sueños, en anhelos, en caprichos, en berrinches; cierto es que nunca
se va. Es fuerte al saber que persigo su camino.
¿Cómo
andas? Le pregunto desde mi cabeza, es exasperante seguir algo que no sabes si
es para ti. ¿Merece la pena? Me pregunto, a veces en mares de lágrimas o
simplemente en nidos de alegría. ¿Merece? Pregunto de nuevo, confundida o
abatida.
Quisiera
escuchar más que esa voz, contemplar su sonrisa, observar su anatomía, que se
ría, conmigo que se ría… aparece, donde estés.
Quien
seas.
Aparece…
Me
muero por conocer tu tez.
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