La realidad era que me
gustaba este ambiente, me gustaba más que los anteriores que había tenido
frente a mí, todo, todo. La gente, el aire, el lugar… no creía que debía ser
otra ni actuar como estúpida para sentirme bien, admitida…
Tal vez porque no
necesitaba decir mi manera de pensar; todos pensaban lo mismo. No abundaba la
desesperación (sólo una que otra que, sin querer, hablaba de hombres y de su
interés).
Cartas
a mi abue
Abue… la última vez que
escribí una carta para ti estabas aún viva… suena tan tétrico que es divertido
hasta cierto punto; lo triste es que no leerás estas palabras o ¿quién sabe?
Quizá estás viendo cómo escribo en este instante.
Tantas cosas han cambiado,
que marean en realidad, mi vida cambió, para empezar tú ya no estás cuando
llego de la escuela… no sé, no es triste, es bastante raro.
Si las cosas han empeorado
han sido en tu casa, me resulta difícil creer que toda tu familia es una
escoria… a veces desearía que desaparecieran y ya… dejarnos en paz. ¿Es tan
difícil? No, tú no hiciste nada malo, ellos son los que se empeoran la vida.
Te extraño, sabías bien que
eras mi persona favorita en la tierra, que quiero llegar a ser –aunque sea un
poquito- como eras tú, ni el río más abundante te llevaba, esa era fuerza.
No había podido escribir y sé
que no podré hasta que haga esto… es triste pero necesito sacarlo. ¿Qué si he
llorado? No, no lo he hecho y eso en alguna parte me hace sentir miedo.
¿En la escuela? Te dije que
le iba a echar ganas y pues, eso intento… tengo qué, debo aprender y lo voy a
ser. ¿Recuerdas mis últimas palabras? Te aseguré que le podría muchísimo
esfuerzo y eso creo que es lo que estoy haciendo.
Después de esto creo que puedo
seguir escribiendo ¿verdad? Te quiero… te quiero mucho.