Apenas se estaba desengañando del
mundo, cuando de nuevo éste le dio una patada en el “culo”, por eso es que
caminaba con la mirada llena de tristeza y recelo en cualquier lugar.
Lo que más le preocupaba de todo
ese asunto –sin mencionar, claro, las preocupaciones que son de real
importancia- era que el chico aún le atraía a pesar de todo lo que había
intentado hacer para quitárselo de la cabeza.
Estaba sentada en una banca
aventándole migajas de pan a las palomas, su mirada era vacía y tenía el rostro
cansado, se había desvelado de nuevo haciendo tarea, no esperó más, se puso de
pie y caminó a la parada del camión para ir directo a la universidad.
¿Qué hacía? Pareciese que él la buscaba
para tenerla comiendo de la palma de su mano, pero no era así, él tal vez, muy
a pesar de ella, le huía, y podría tener muchos defectos, pero al menos era
realista.
-No sé-dijo su amiga después de
escucharla quejarse de un gusto no correspondió-, interactúas con más chicos,
chicos guapos e inteligentes.
-Pero este tiene un toque
especial, no sé.
-¿Guapo, inteligente e
inalcanzable? Bueno, quizá lo último no, pero enserio, no puedes estar
esperando a alguien que no sabe que lo esperan, hay miles de chicos por ahí
esperando que le des besitos.
Ella no insistió en aquella
plática, se sentía abatida por el hecho de que le gustaba alguien que aparte de
ignorarla creía que era una idiota. ¿Idiota? Qué termino tan cruel, pero
prefería frustrarse sola con sus pensamientos a que alguien más la frustrara.
-Mira…-volvió a decir su amiga comiendo
una rebanada de jamón-, quizá se den las cosas después, sean felices y cosas de
esas.
-No creo-negó con la cabeza,
ahora sí quería dar por terminado el tema-, es la verdad: no lo creo. Y puedo
vivir sin remordimientos, pero cuando se mete a mi cabeza es imposible no
analizar cada uno de sus movimientos.
Su amiga comenzó a reír y se puso
de pie, pues ya estaba entrando el profesor al aula.
-Créeme-le pasó un brazo por el
cuello-, algo me dice y asegura que él caerá rendido de amor por ti, pero no es
el momento.
Ella sólo puso los ojos en blanco
y como siempre, no le creyó.
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