Tenía la carita cubierta de agua, de la lluvia intensa que salía por todos lados. Corrimos. Reímos. Nos miramos, como si el catarro no importara ó como si de verdad me amara.
Su sonrisa me tenía tremendamente loco, no le importó llevarme hasta el rincón menos conocido del mundo y besarme.
-¿Por qué?-pregunté emocionado.
-Porque me gustan tus ojos verdes-contestó mirándome.
-Pero cuando se besa uno suele cerrar los ojos.
-¿No puedo tener un pretexto estúpido para besarte?
Me reí.
Era una niña pequeña que quería descubrir el mundo, su mundo, caminando y viendo, sin importarle la gente de su al rededor, ¿por qué me incluía en ella?
Después de todo eso, en la escuela me miraba en cada receso, sonreía y seguía su camino, a donde fuera con quien fuera, ella sólo buscaba juzgarlos y si creía que era capaz de soportar su compañía, se quedaba. Yo le era tolerable y eso me satisfacía. Cómo negar algo que pude sentir desde que la conocí y que sólo terminó por detonar cuando me besó.
0 comentarios:
Publicar un comentario