Mi fiel acompañante.

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Pagué los dos boletos del camión y camine de vuelta a mi lugar, ahí yacía mi abuela leyendo su revista que con tanto encanto había ultrajado del consultorio del doctor.
-Me la llevaré para leer algo en el camino-guiño un ojo y metió la revista en su bolsa vigilando que nadie la viera.
Tomé mi lugar a su lado y revise que todo estuviera en su sitio.
-Si quieres dormir puedes hacerlo-dije sacando mi librillo de mi bolsa.
-Sí, igualmente-asintió y se metió completamente en la revista.
Hice lo mismo con el libro. Leía las últimas páginas de ‘’Cumbres Borrascosas’’ una novela que  me cautivó aún después de que la aborrecí por más de un año, bien dicen que terminas queriendo lo que no esperabas ni querías querer.
Enamorada del amor que Heathcliff tenía por Catalina, y enamorada de la pareja que hacían Catita y Harenton… me lamente más de no haber vivido en aquella época.
-¿Te das cuenta?-pregunto mi abue rompiendo el sonido del silencio.
-¿De qué?-aparte mi vista del libro y la mire.
-Estamos ya en el centro, acabamos de pasar por tu prestigiada escuela.
Mire a mi alrededor y vi que nos aproximábamos a la casa de los perros, sí, mi prestigiada escuela, a menos para mí, la Universidad de Guadalajara, donde impartían la licenciatura de Geografía, era uno de los mayores logros que esperaba cumplir en unos años (aparte de ir a la Antártida).
-Sí-me reí-fue rápido…
Amaba los viajes con mi abue, cuando era momento de silenciar lo hacíamos y cuando no, no parábamos de hablar de nuestras cosas, sobre todo de las quejas que brotaban de nuestras bocas. Era así de sencillo, si quería explicarle algo, lo hacía con lujo de detalle y si no, se conformaba con saber algún libro que me interesaba.
No había tan fiel acompañante como ella en mi vida, me escuchaba parlotear todo el día, escuchaba mis quejas y hasta mis tristezas. 
Yo que amaba hablar de la lectura, de los libros que leía y de las imágenes que se me venían a la mente leyendo… Suspire aliviada de que al menos alguien en mi mundo me escuchara sin presumir alguna cosa que no fuera yo misma.
Cuando la parada estuvo cerca, me señaló la salida y que timbrara, baje y enseguida tendí mi mano para que ella bajará, quejumbrosa tomó el primer taxi que vio aproximarse, subimos y fuimos directo a casa…

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