Hacía garabatos en la arena con un palo, sus sandalias estaban manchadas de lodo y el sudor escurría por su frente. Aún así no dejaba de ser atractiva.
-Y…-no sabía qué decir, ella era muy rara.
-Bastante me has hecho correr hoy-suspiró sin decir más.
Y es que desde que mi mamá se había encontrado con su amiga de años atrás-de la primaria para ser exactos- no la dejaba en paz ni a sol ni a sombra, ni en lluvias. Ese no era el problema, lo era que me llevara a mí a todas partes, por culpa de que su amiga tenía una insoportable hija que estaba sola.
Y fue aún peor cuando decidieron venir a Brasil de vacaciones.
<<-Serán excelentes, hijo-me dijo-, conoceremos un país nuevo, gente nueva, un lugar lindo.
Sólo suspiré y puse mis calzoncillos negros que tanto me gustaban.
Ella se llamaba Atena, y como su nombre era rara, callada, algo amargada, pero muy linda.
Ese día nos habían mandado al pueblo, ninguno de los dos quería, pero en algo estábamos de acuerdo: no queríamos seguir escuchando la voz de nuestras madres implorando que nos fuéramos.
-Es como si-dijo caminando enojada-se fueran a un show sólo para mujeres y quisieran quitarnos del camino, digo, las creo muy capaces. ¿Qué han hecho con nosotros? ¡Nada! Y te mandan a ti, como si me hicieras falta.
-No creas que tú me eres necesaria-dije intentando defenderme, pero parecía que sólo existía cuando decía algo que no la ofendiera-. Bueno, ¿qué hacemos?
-No sé-puso en blanco los ojos-. Estamos en un pueblo nuevo, ¿Qué acaso cuando llegas a un lugar que no conoces te quedas metido hasta el día en que te vas? ¡Pues conoceremos el lugar, zopenco!
A veces, allá en mi casa, me daba terror quedarme solo con ella, era como si me enseñara algo que yo obviamente no terminaba de ver.
-Va, va-después de un tiempo sabía tratarla-. Pero, no sabemos ni una mínima palabra en portugués.
-Pues-dudó. Touché pensé-. Sé decir “te amo”, “gracias” y am… “mucho”. ¡Va! No importa.
Miró a todos lados, tomó varias piedras y después me miró.
-¡Muévete!-me gritó-. Agarra piedras y ponlas en el camino, así no necesitaremos preguntar nada y sabremos cómo regresar.
-¿Acaso ésto lo tomaste en alguna referencia de los libros que lees?-la miré, miré sus ojos, ella aún tan fría y rara era dulce.
-Pues en tus películas bobas tiene que salir. Ahora, tómalas y a caminar.
Así lo hice, lo hicimos, caminamos, vimos mar, arena, algunos collares y cuando pensé que todo acabaría, la loca echó pleito con una brasileña que no estaba sola y tuvimos que correr.
Después regreso a donde comencé. Sin decir una sola palabra más siguió dibujando en la arena.
A veces quería mirarla y comerla a besos, era tan dulce y sencilla, había leído muchos libros y siempre me enseñaba algo bueno. No hablo mucho de ella, es como el pequeño secreto que te hace seguir, aunque es dura. A veces suelo odiarla ¡tanto! Que mi corazón necesita aire. Sus abios carnosos que intentaba esconder. Yo la amaba, enserio lo hacía, pero no lo diría.
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