Pues estoy aquí para
contarles a detalle cómo ocurrió; es importante que de verdad sepan que esto no
es una crítica, pues no me gusta hacerlas porque como siempre pienso, la
subjetividad rebaza a la objetividad en este tipo de cosas.
Verán, hace dos años, cuando
cumplí exactamente mis dieciocho primaveras, una de mis amigas de la
universidad me llevó un sublime regalo: un libro. Al verlo me llamó mucho (y de
igual manera me gustó) su portada, algo simple color verde con letras
resaltadas en una tonalidad más oscura, en ese entonces yo cursaba primer
semestre y como toda una estupidita de esa edad creía que podía, tan fácilmente,
leer mientras estudiaba. Así que pasó lo que no quería que pasara.
En diciembre, mientras
estábamos de vacaciones comencé a leerlo, llegué sólo a la mitad y lo cambié
por otro; a pesar de hacerlo, sabía exactamente que no estaba poniendo atención,
no entendía qué carajos me quería decir el libro y ni siquiera sentía algo al
leerlo, eso aparte de exasperarme me hizo desistir radicalmente… Para la otra,
será, pensé.
Sí hubo otra, en agosto de
2013, volví, decidida, a leerlo completamente y como la primera vez, desistí a
la mitad. No por las mismas razones, esta vez por el hecho de que me enojé con los hechos históricos de la conquista y eso a mí me causó temor,
¿por qué? Porque me hace entrar en un Nacionalismo que no quiero reflejar, –me pueden
escupir-, no puedo estar en contra o a favor de los españoles o los “nativos
mexicanos”. Así que antes de que el sentimiento de coraje por la “violencia”
que incitaron los “malos” me cegara, dejé de leerlo, porque claramente no podía entender
lo que me quería decir este libro.
Dejé que el tiempo pasara,
quizá porque desde siempre entendí que me hacía falta poquita más madurez para
hallarle algún sentido al texto, así que, hace unas semanas cuando comencé a
leerlo, -decidida por segunda vez a terminarlo- fue como si todo por fin se
acomodara. Entendí el libro, supe lo que me quiso decir, y sentí lo que
transmitía, esta vez no me puse de lado de nadie.
Es un libro que habla de la
visión del mundo desde las personas que se encuentran dentro del territorio
mexicano, nuevo español o azteca (según su época) y digo visión del mundo
porque a pesar de todos los elementos que demuestra el escritor de que no se
habla más que de dicho lugar, se proyecta a su vez a lo global. Y por si fuera
poco, lo que más me gustó fue que al final, al final, manda al carajo el
aspecto temporal y nos pone a un Colón que vivió quinientos años en México, y
así mismo invoca a la globalización ya establecida en el siglo XXI.
No me queda más que decir
que me gustó y que creo que era el momento adecuado para leerlo. Sin más, me
voy, sólo quería contarles esta experiencia.
“Caen los mismísimos dioses.
Y con sus restos humeantes se reinventa el orden mientras las semillas de un
árbol emblemático vuelven a cruzar el mar”.
Carlos Fuentes.
Yo también tengo un libro que desde años no termino, pero 'Insomnia' de Stephen King me produce somnolencia XD
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