"Pero tendría por delante veinte años de encuentros contigo, en lugar de esta certeza de historia cumplida, cuya estúpida fijeza no me deja respirar" (Aguilar Camín, 1989)
Estoy
a media hora de salir de mi casa por una nieve raspada de vainilla. Acabo de
terminar un libro donde casi al final querían salir de mí unas lágrimas de esas
que pasan porque lo acabo. No salieron, no se los permití… y justo ahora pienso
que fue injusto no llorar, porque esa no soy yo. Decido escribirte en un
momento de desestabilidad emocional porque me gusta pasar por estas crisis,
sólo corroboro lo cada vez más/menos estúpida que estoy. Y justamente estoy
escuchando una canción titulada “Vergiss es” como señal de dejar pasar las
cosas, ¿pues qué más sino?
¿Alguna
vez en tu vida te mirabas al futuro como la promesa de algo mejor? Recuerdo de
niña cuando me imaginaba de universitaria (antes de esas ideas retrógradas –mira
quién habla de ello- que le implantaban a una de que casarse era lo mejor, o
que las mujeres no servían sino de madres) alguien inteligente con muchos
libros, escribiendo sandeces y ¡tómala que sí! Sólo que la mitad de la
bibliografía es en digital.
Qué
vueltas da la vida, lo digo en mi prematura experiencia, estoy como flotando, y
no exactamente como un globo, sino en medio del océano viendo el cielo…
preocupándome de más por quemarme, hasta la fecha nadie cree posible que me
queme tanto. Yo sí… lo siento. Compré un cactus y le puse Carola, no sé porqué
pero de eso tenía cara, ahora admirándolo por la ventana me volví a prefigurar
una imagen de mi yo del futuro, loca, cotorra pero llena de plantas, de
colores, de tallos gruesos, porque según mi novio Ratzel, por la posición
geográfica de México se dan esas rarezas de tallos gruesos y flores pobres. ¿Te
digo mi casa soñada? Todo es azul, están mamá y tú, recargadas en el jardín con
muchas flores, y diversos árboles, todos ellos con nombre.
Mi
idealismo corresponde a la solterona de gatos, pero sin esa especie
despreciable que a pesar de los años, no soporto. Te escribo pues, porque
quiero y no porque debo, como deberíamos de hacer todas las cosas.
Te extraño,
hoy más que siempre.
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