Comenzó el rumor del viento mientras me concentraba en escribir una receta
-Sé que esto es muy difícil-alcancé a escuchar a mi tía mientras veía cómo los demás derramaban lágrimas.
"Harina, azúcar y mantequilla" memorizaba escuchando todavía el arrastrar de las hojas allá afuera.
-¿Qué pasa?-pregunté a mi mamá en cuanto cerró la puerta de la casa.
"Debería tener una batidora", pensé "por eso nunca me sale bien". Aunque no estaba en la calle, alcanzaba a sentir el sol de la tarde en mi espalda.
-Tu abue tiene cáncer-soltó mi mamá al mismo tiempo que soltaba el llanto-se va a morir.
Escuché entonces el primer ruido en la ventana: toc, toc, toc...
Dejé caer la pluma para voltear, algo sorprendida me percaté que esperaba que fuera alguien, hace tiempo que no viene nadie aquí. Ignorándolo por completo, tomé de nuevo la tinta y comencé a anotar "un poco de sal".
-No tienes que ponerte así-comenzó a decir mi abue en la mesa donde sólo estábamos nosotras dos-, esta es una fiesta y no debes de enojarte, debes disfrutar-me tocó la barbilla para hacer que volteara a verla-. ¿Tu mamá ya te dijo que tengo cáncer? Estoy muy enferma-comencé a llorar mientras asentía.-Por eso te he dejado comiendo sola, a veces me siento muy mal.
El ruido sonó con más intensidad: TOC, TOC, TOC...
Me sobresalté y volví a voltear, eso no era normal. "Alguien vino de visita y está tocando por la ventana" pensé. Me quedé un segundo con la mirada ida.
-Quiero que seas feliz-mi abue sonrió, sonrió aún sabiendo su futuro y su dolor- y estar de mula en las fiestas no está bien-me limpió las lágrimas- tampoco llorar. Tú sabes lo mucho que te quiero, ¿verdad?
Asentí sonriendo.
Comencé a caminar hacia la ventana, cerré los ojos un segundo y después corrí las cortinas. Ahí estaban: dos pajaritos moviéndose de un lado a otro. "Abue" pensé y entonces ellos volaron. Sonreí. Y era verdad, desde hace mucho no tenía estas gratas visitas.
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