La depresión de agosto

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 Quizá puedo afirmar que el último mes ha sido muy extraño, extraño no en un sentido necesariamente malo, al contrario, sucedieron muchas cosas que me dan para estar, sino feliz, sí contenta. Pero he tenido que enfrentarme con un torbellino de emociones que, entre que no logro identificar o no me gusta reconocer, me hacen un poco pesada la existencia. 


Tomar decisiones es lo que más me hace eco en la cabeza y aunque sé que lo he hecho toda la vida mis recuerdos de esta época se construyen en torno a esta actividad. Cuando en el futuro la melancolía me agobie pensando en el hoy, recordaré las decisiones que me planto a tomar ahora:


Decido a dónde me voy.


Decido qué tengo que hacer.


Decido cómo comenzar a moverme.


Decido si querer a alguien o no a pesar de lo que sé que va a implicar.


Me encantaría verme a mí misma tomando esas decisiones justo como en una de las películas de la Saga Crepúsculo -pésima referencia- en donde Jane Volturi (interpretada por Dakota Fanning) está pensando qué hacer con los neófitos que invaden Seattle: si dejarlos vivos o terminar con ellos. Al final suspira, inclina su cabeza y repite para sí "decisions, decisions".


Pero no...


Tomo decisiones mientras duermo -porque no puedo dormir-, mientras me baño, mientras me ejercito, durante mis caminatas al trabajo o mis lecturas para los proyectos. Muevo los dedos de mis manos constantemente, golpeo el piso con el pie para que eso acelere el tiempo. Y las decisiones me toman, yo no las tomo a ellas.


Todos estos sentimientos se mezclan con los que el tiempo ya ha acumulado en mi vida. Y es que sé que es la época y el pasado, además del presente y mi constante presencia en el futuro.


La época de los meses de junio, julio y agosto se ha vuelto tortuosa porque alguna parte de mi cerebro la relaciona constantemente con cosas que me pesan. Sobre todo agosto. Agosto es para mí un mes que significa mi tristeza entera. 


Tengo muy presente el año en que comencé a odiar los agostos: 2011. Durante ese año tuve la extracción de uno de los lunares que más creía que definía mi identidad, se encontraba entre mis ojos, justo arriba de la nariz; eso me hizo llevarle el apodo de "La Tigresa" mucho tiempo, además de eso, en ese mes, en ese año viví el que por fortuna ha sido mi único asalto. La percepción del espacio y seguridad se me desmoronaron en segundos y mentiría si digo que las he recuperado por completo.


Como la persona estructurada, concreta y decidida que soy, establecí que por esos eventos ordinarios odiaría para siempre los agostos. Pero la vida, mágica, trágica e inesperada me tenía la peor de las sorpresas un año después. 


Porque Berta murió un 11 de agosto de 2012.


Fue un día lluvioso, la vi viva minutos antes de que dijera adiós con sus ojos llenos de desesperación.


Agosto entonces se convirtió en la marca de la tristeza. Y aunque sé que muchas veces necesitamos revertir las emociones o representaciones de determinados sucesos, fechas o imágenes, por decisión propia continúo manteniéndolo como un tiempo de catarsis en el que dejo que ausencias como las de mi abuela me inunden. Porque no es sólo recordar el día en que falleció, sino todo el proceso en el que estuvimos inmersas, un procesos que arrasó con junio y julio y que ahora me mantienen en el hilo de la melancolía y las constantes crisis de depresión. 


Hoy, lunes 21 de junio de 2021 me he mantenido pensando mucho en esto. En estos nuevos recuerdos que cargarán en demasía los meses futuros de esta época y los recuerdos que ya se restriegan en los presentes como una marca de que estoy viva, de que siento mucho y de que, de alguna manera, esta es una forma de decirme a mí misma que está bien. Que el dolor es una forma de recordarme que vivo y vivo de manera intensa. 

1 comentario:

  1. Me avasallan los sentimientos extraviados. La vida se trata de perder: tiempo, lugares y personas.

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