Abue:
Mi tío Pollo se murió. Y sé
exactamente que ya lo sabes, lo sabes desde antes que yo, pero tenía que afirmarlo,
tenía que afirmármelo, porque yo no lo creo aún, todavía creo que lo voy a ver
por la casa, panzón, barbón, con cara de enojón, pero no, la última vez que lo
vi estaba en una caja café, pero no era él, era un potencial a serlo.
Ayer que llegué de misa, con
los ojos hinchados y con sentimientos que no sé exactamente qué eran, fui a mi
cuarto por mis álbumes de fotografía de niña, no sabía qué foto buscaba pero
sabía que iba a aparecer, una de él, delgado, con un bigote ridículo, abrazando
a una bebé fea: yo. Porque era fea, tú me lo decías, todo el mundo me lo dice.
Quizá las personas que vayan
a leer esto no entienden el porqué de este shock ante la muerte de un tío,
quizá nadie lo entienda si no es de mi familia o si no eres tú, pero puedo
decirlo: él no era mi tío, era como mi papá, fue de las pocas personas que me
aceptó desde antes de que yo llegara al mundo. Según mi mamá cuando chiflaba yo
me movía en su panza y la regañaba cada que boleaba mis zapatos porque “dejaba
la rayita blanca”.
A esto viene una pregunta
muy difícil: ¿por qué se tuvieron que morir tú y mi tío Pollo? Es tan fácil, tú
porque tenías cáncer con metástasis cuatro, negligencia médica por información
atrasada, él, por alcoholismo, ya no le servía el hígado. Y aún así no entiendo…
A pesar de que los últimos meses sentía mucho coraje con él, ahora no, ahora
soy la primera en rezar el rosario –que ni me sé *me miras indignada porque
crees que me estoy burlando de la religión PERO NO LO ESTOY HACIENDO*-. Y
espero que, si sí existe el cielo, él ya esté contigo.
-Te dije que te cuidaras-le
dices sentada en un sofá que se ve muy cómodo.
Él no contesta y agacha la
mirada.
-¿Qué pasó?-le dices de
nuevo mientras lo abrazas.
Te quiero abue y si está
contigo, dile que lo quiero a él también.
0 comentarios:
Publicar un comentario