-Hagamos
ameno el beso.
Me
dijo mientras lo miraba y el aire movía su cabello, montón de chinos bien
definidos que hacían su perfil aún más excitante de lo que ya era. Las miles de
manchitas en su rostro se balanceaban conforme a su humor y yo, quedé
confundida con lo decía.
-¿Ameno?-pregunté
achicando los ojos gracias al sol-. El beso ya es ameno si mis labios son los
que chocan con los tuyos.
Él
sonrió despreocupadamente, le gustaba escuchar eso, bajó la mirada, algo que
hacía siempre que se sonrojaba.
-Tienes
despreocupaciones estúpidas-le dije al acercarme y poner mis brazos sobre su
cuello, era tan alto-. Y no sé si a tu edad entiendas bien lo que es un beso.
-Soy
chico pero no estúpido-contestó ya acomodando sus manos en mi cintura.
-Entonces,
comprenderás que el beso por sí solo es ameno si eres tú quien me lo da.
-Ya
lo dijiste con anterioridad-quitó un mechón de
cabello y lo puso detrás de mi
oreja.
-Pues
no te veo aplicando esa amenidad-le sonreí.
Rió
y después de un pequeño milenio de silencios, acercó su rostro y sin querer me
besó.
*Amo esos enamoramientos pasajeros que te hacen ilusionarte con un muchacho y ver toda tu vida con él de regreso a casa en el camión* -LOL conmigo-.
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